miércoles, 18 de octubre de 2017

PERO QUÉ MENTIROSO ERES


La habitación era amplia y diáfana. Además, estaba adornada con dos espejos que multiplicaban la longitud en ambos fondos. Entró con prisa pero se vio de repente sorprendido por la imagen reflejada en ambos espejos. Su incipiente calva, los evidentes surcos cerca de las mejillas y unas bolsas testigos decadentes de unos ojos negros y vivos le devolvían una figura no deseada que no supo distinguir si se correspondía con la realidad o era el reflejo de alguna ilusión o mal sueño.
Se quedó perplejo e inmóvil, sin saber cómo reaccionar. Miraba indistintamente a uno y a otro espejo y se daba de bruces con su frente y con su espalda. Era como si persiguiera controlar de una vez su cuerpo y no pudiera conseguirlo por más que se esforzara. Se acordó de aquella expresión que uno de sus amigos le espetaba con frecuencia: “Lo que pasa es que cada vez se te presenta con más frecuencia el carnet de identidad y no quieres reconocerlo”.
Pero pasaron algunos minutos y la sensación se hizo más espesa y duradera. Una fuerza como invisible lo ataba a la sala y no lo dejaba salir de allí. Su mente comenzó a dar vueltas mientras se solidificaba la imagen dentro del cristal. ¿Era el cristal la verdad o era aparición y reflejo de otro mundo mentiroso? La verdad, la mentira; la mentira, la verdad. Qué conceptos tan arduos.
Pronto su pensamiento derivó hacia su experiencia y hacia el valor de ambas. ¿Es mejor la verdad que la mentira? Qué disparate. Claro que es mejor, pues todos aspiramos a ella y huimos de la mentira como algo negativo para la convivencia. Pero su mente daba vueltas y se enturbiaba. Claro que aspiramos a la verdad, pero esta es por definición única e impuesta, no la podemos ni modificar ni moldear. En cambio la mentira depende de nosotros y se presenta tan múltiple como múltiples son las personas que la predican o que la usan. En ese sentido, la mentira termina siendo más próxima que la verdad, casi más humana.
No le satisfacía el razonamiento porque la consecuencia era más negativa que el ajuste lógico. Algo fallaba.
Seguía sin moverse del medio de la habitación, sorprendido por las imágenes que le devolvía el espejo. Tenía que existir algún otro elemento que le salvara de la tentación de la mentira y de la abstracción de la verdad. Sin saber muy bien cómo, algo le dijo que explorara la imaginación como tabla de salvación, como camino diferente de la verdad y de la mentira. La imaginación le ofrecía la ventaja de la proximidad y de la individualidad, pero además lo elevaba hacia las nubes de lo sublime y de la creación, de lo que aspira a lo absoluto.

Lo hizo durante un tiempo indefinido. Aquel día salió de la habitación con el amor de los poetas y montado en un caballo blanco que lo conducía, entre la soledad, hacia la luz de la madrugada.

martes, 17 de octubre de 2017

DE PRONTO...



DE PRONTO…         

De pronto, en una acera, cualquier tarde.
Te detienes  mirando cómo pasan
las gentes. Son sus pasos fugaz muestra
de lo que nunca va a ninguna parte.
No te esfuerces en registrar sus nombres,
en descifrar la luz de su sonrisa:
ni siquiera ellos saben su destino.
Es tan solo un segundo,
el cociente imperfecto de todo el infinito,
el azar hecho tiempo y accidente.

Desconoces su afán, sus inquietudes,
todo lo que les dio naturaleza.
Déjalos, que prosigan su camino,
su fatiga constante y su destierro.
Tampoco ellos conocen que los miras,
y no olvidarán nunca,
pues nunca percibieron tu presencia,
tan cerca de la suya y tan ausente.

La tarde será toda de la tarde
y tú serás tan solo el accidente
que vio pasar la vida como un hombre

viejo y desconocido, extraño y solitario.

lunes, 16 de octubre de 2017

QUE A NADIE SE LE HINCHEN LAS NARICES


El tiempo político sigue turbio, en oposición clara a este verano eterno que no nos deja y que nos mantiene sorprendidos. Ambos nos tienen asustados y con el alma en vilo pues nadie sabe cómo puede terminar todo esto, pero todo amenaza tormenta y aguacero, incluso el tiempo atmosférico, que, por fin, parece que ya va adelantando nubes. En medio del barullo, puede que a alguno se le hinchen las narices y se ponga a soplar fuera de orquesta.
Es este - el de hincharse las narices- un dicho que viene de lejos y que se hace realidad con más frecuencia de lo que uno quisiera. Francisco Cascales ya escribía esto en el siglo diecisiete: “Lo primero que miramos en el que habla es el semblante; con este amamos, con este aborrecemos y con este entenderemos muchas cosas antes de hablar. La ceja el soberbio y el que admira la levantan; el que está triste la baja. Las narices hincha el airado; la honestidad pide los ojos serenos; la vergüenza, bajos; la ira, encarnizados de dolor, llenos de agua”. Y es que la cara el espejo del alma, claro que sí, del interior de nosotros mismos, de nuestro estado de ánimo, que no otra cosa es el alma.
Si el autor hubiera acertado en su emparejamiento de figuras con estados de ánimo, bien podríamos intentar cautela, e incluso alejamiento, de quien se muestra con las narices hinchadas y con las aletas de las mismas abombadas. Pero lo malo no es la figura; lo peor es lo que refleja y lo que esconde dentro. Cuando a uno le puede la ira, la razón pierde peso y se aleja a las salas más oscuras. Entonces sacamos de nosotros mismos todo lo peor que conservamos; y, además, lo hacemos sin control y en riada y aluvión.
El uso, como digo, es muy antiguo y frecuente. La Celestina, fray Luis, Quevedo, Covarrubias… ya lo atestiguan. En concreto, este último, en su riquísimo Tesoro de la Lengua, asegura que “la nariz suele ser indicio de la ira; y así nasus es de raíz hebrea y nas equivale a ira”. Aunque lo más importante es que el uso es popular y todo el mundo entiende su significado.
Los tiempos agrios exigen serenidad y templanza, sabiduría y cautela, metas claras y pasos tranquilos, sentido común y buena voluntad. Todo eso y mucho más. Lo único que no se necesita es ver a nadie con las narices hinchadas: las fotos así salen muy feas y nadie se para a mirarlas con cariño.

¿Se entiende, verdad?

viernes, 13 de octubre de 2017

POR EL IMPERIO AUSTROHÚNGARO


Tengo que dejar nota, siquiera apresurada, de ocho días intensísimos por el centro de Europa. Se agolpan en mi mente las imágenes y las consideraciones. Hoy solo alcanzo el nivel de la descripción imperfecta. Las consideraciones vendrán más tarde, cuando la mente ordene datos y los jerarquice.
Era el corazón entero del imperio austrohúngaro, con sus tres capitales al completo. Primero Budapest, más tarde Viena y el complemento gozoso de una Praga radiante en el otoño.
Se me llena la mente del agua de los ríos navegables, mares para el caudal exhausto de nuestros aprendices de regatos; el Danubio infinito y el Moldava (o Vitava), ejercientes de mares tierra adentro. Pero fue todo en cascada y aluvión: Palacio Real; Iglesia Matías; el Puente de Elisabeth (aquella Sisí emperatriz de caramelo y cines); todo el Buda mirando hacia la llanura de Pest, con todos los palacios en su cresta y el recuerdo inmediato de aquella ardua batalla en la que un duque de la ciudad estrecha fue a lucirse ante la nobleza europea, a demostrar su fe y a hacerse un camino de milagros en su vuelta durmiente hacia su tierra; el majestuoso parlamento, émulo del de Londres y a la vera del río caudaloso; la Basílica de san Esteban; la Isla Margarita; el Puente de la Libertad; el valle interminable del Danubio, en Visegrad y su Castillo de las Nubes; los infinitos sitios musicales; las vistas panorámicas diurnas y nocturnas; los paseos en barco por los ríos eternos…
Viena fue el núcleo del imperio e imperial sigue siendo en su conjunto: las calles, los palacios continuos, las ciudades y campos: Durstein o Melk; el palacio interminable de Schönbrunn; los espacios de música; los bailes y las óperas (con concierto completo y delicioso); el ambiente del lujo en el recuerdo y esa imagen que acude inevitable para pensar lo injusto de la Historia por todas las esquinas. Pero he dicho que el análisis es para otra ocasión.
Praga fue ya el cansancio pero con la sorpresa a cuestas por tanta grandeza y tanto colorido: el Palacio Real, la catedral de san Vito; Vyserhad completo; los teatros y siempre la música; el Puente de Carlos tomado por todo el que quería; el Niño Jesús de Praga, como leyenda típica; Malastrana alá al frente; la ciudad hecha tranvía y setos en la naturaleza; el recuerdo visible de la época soviética y la recuperación lenta hacia una cultura más abierta y globalizada…
Pero no han sido solo las ciudades ni los centros urbanos; ha sido el contexto de clima y de naturaleza -en plena efervescencia del otoño-, la sensación de que allí la el medio natural parece más acordado y conforme con el ser humano, los restos tan presentes tanto del imperio histórico como de los estragos hitlerianos o de la ocupación comunista, el sentido de pertenencia a una comunidad nacional sin desgarros visibles, los repartos y ayudas comunitarias tan extensas y el sentimiento de que caminan juntos hacia un futuro colectivo mejor…

Dicen que viajando se curan los nacionalismos. Puede que sea verdad, aunque esta idea hay que matizarla mucho. Hay muchas formas de viajar, incluso sin moverse de la silla. Pero he de confesar que mi impresión general es altamente positiva. En todo caso, se trata de un resumen visible de lo que fue un imperio en otros siglos y de la naturaleza en la que se asentó. Las imágenes pueden ahora mucho más que la intrahistoria, aunque esta sea mucho más importante que el fogonazo luminoso de lo visible e inmediato. Es ya nivel del análisis y habrá tiempo de ello. 

martes, 3 de octubre de 2017

ME RETIRO DEL CAMPO DE BATALLA


ME RETIRO DEL CAMPO DE BATALLA
(Con España y Cataluña al fondo)

En medio del fragor de la disputa,
con los tiros rozándome los labios
y un olor nauseabundo a muerte y odio,
me retiro del campo de batalla.
No quiero defender ninguna causa
que no tenga que ver con los abrazos,
con ojos que se ponen arco iris     
cada vez que otro hombre se hace masa, 
dispuesto para el pan y para el gozo.

Tal vez es cobardía lo que me empuja
hacia la oscuridad de las trincheras.
No sé. Pido perdón: soy hombre débil.

Que, en mi nombre, no se alcen más las voces
que gritan y que vencen y que odian.
Que los que quieren irse que se vayan.
(No logro adivinar ni estoy al tanto
de lo que anima a rechazar al otro;
solo contemplo nubes de tormenta,
solo egoísmo, ingratitud, codicia).

Pero he de mirar lento, en soledad y en calma,
y limpiarme los ojos por si acaso
no adivinan lo que ven otros ojos,
que son ojos también y también miran.
Estoy ciego y no veo,
me restriego de nuevo y sigo en la ceguera,
y no entiendo el calor de los latidos,
que me siguen oliendo a odio y a miedo.

No puede ser, no puedo, me retiro
del campo de batalla. En las trincheras
seguiré meditando por si encuentro

algún rayo de luz y de esperanza.

viernes, 29 de septiembre de 2017

DOS FUENTES PARA BEBER


1.- Me manda una persona próxima un libro y me invita a leerlo. El libro se titula Diez horas de Estat Català. El contexto me empuja y lo leo con avidez. El periodista Enrique de Angulo, testigo directo de los actos, recrea las horas de proclamación del Estat Català, por parte de Companys, en octubre de 1934. Fue apenas una noche.
El texto posee un sesgo centralista casi insoportable. No comparto esa postura en absoluto. Los datos hay que enumerarlos y después interpretarlos. Reniego de la interpretación que el autor hace, pero LOS INGREDIENTES Y LOS DATOS ESTÁN AHÍ, y esos no se los inventa.
El libro tiene vigencia por los acontecimientos de Cataluña. Creo que hay elementos diferentes, pero ¡coinciden tantos otros! Me gustaría mucho que los resultados no fueran los mismos de entonces, sobre todo en lo que a violencia se refiere. Pero tengo miedo, lo confieso.
2.- En nuestra página Libre Albedrío, leo la columna que ha colgado Manolo Casadiego, que ya parece que revive después de tanto tiempo postrado. Es una columna escrita por Lidia Falcón hace tan solo unos días y publicada en Diario 16. Aborda el mismo asunto, pensando en la actualidad. Suscribo lo que en ella se dice con escasos matices. Es esta:
La historia falseada
“El nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir a los trabajadores. “Carlos Marx
Leo los argumentos de la izquierda apoyando el “referéndum sobre la independencia” y la “autodeterminación” de Catalunya, y me entristezco. Además de pretender separar a los trabajadores y a las mujeres de los pueblos de España, enfrentándolos entre sí, además de haberse lanzado a ese proyecto para ocultar el latrocinio a que se han dedicado los próceres que han gobernado y gobiernan Cataluña, además de haber desmovilizado las protestas sociales que se desencadenaron cuando comenzó el gobierno de Artur Mas, han falseado la historia.
Comentaristas hay que, situándose en la izquierda, aseguran que la independencia de Cataluña no es una moda que surja de pronto sino que sus orígenes se sitúan en el siglo XVII, cuando el ejército español la ocupó.
Con estos mimbres- y otros más endebles todavía como la supuesta catalanofobia que padecen los “españoles” contra el pueblo catalán- hasta Izquierda Unida y la Junta Estatal Republicana aceptan el derecho de autodeterminación de los pueblos de España en sus manifiestos programáticos.
Miro los carteles del magnífico cartelista anarquista catalán Renau durante la Guerra Civil, donde se llama a la acción: “Per la Llibertad de Catalunya Ajudeu Madrid”, “Defensar Madrid es defensar Catalunya”.
Recuerdo la declaración de la Confederación Nacional de Trabajadores de que la única patria del proletariado es el sindicato, y oigo todavía las apasionadas palabras, sobre la unión de los proletarios, de mi abuela Regina de Lamo, anarquista, cuando en los años anteriores a la II República militaba con Lluís Companys en Barcelona –quien fue más tarde presidente de la Generalitat de Catalunya- , por el sindicalismo y el cooperativismo codo con codo con los obreros catalanes. Mi abuela era de Jaén.
Recuerdo la indignación que sentí cuando María Aurelia Campmany me espetó que todo el que hablaba castellano en Cataluña era fascista.
Esta perversión de lo que había sido la fraternal unión de las clases trabajadoras en España ha calado en los sectores de izquierda actuales que, presos del Síndrome de Estocolmo, están apoyando las demandas de la burguesía siempre esquilmadora del proletariado. Dividiéndolo entre catalanes y españoles, entre los de pura cepa y los charnegos, entre los españolistas y los catalanistas, los independentistas y los unionistas, los federalistas y los centralistas. Esos Mas y Puigdemont y Junqueras no se atreven a reclamar la pureza de su sangre como hacen los vascos, porque sería demasiado para un pueblo que se formó con iberos, fenicios, cartagineses, romanos, germanos, árabes, judíos, franceses, andaluces, aunque sería bueno que se leyera a Herribert Barrera.
Pero eso de la “identitat” y del “sentiment” que se airea para justificar el deseo de los catalanes de separarse de los demás españoles tiene ese tufillo. Al fin y al cabo ellos son diferentes, porque son mejores. Y todas las diferencias tienden al racismo.
En memoria de Regina de Lamo, de Buenaventura Durruti que murió en el frente de la Casa de Campo, de Federica Montseny que estará revolviéndose en su tumba al oír a los independentistas, de Renau y sus carteles llamando a los catalanes a defender Madrid, de todos los catalanes y las catalanas que lucharon por mantener la II República, que decía en su artículo 1º que “era una República de trabajadores de todas las clases”, escribo estas líneas que merecen más un libro, para desmontar la falsa historia que están contando los independentistas para apoyar sus demandas.
1.-   Cataluña es el nombre de un territorio, como tantos otros, no de una persona, y como tal no tiene derechos. Los derechos los poseemos los hombres y las mujeres del mundo. Y son iguales para todos –o deberían serlo.
2.- Los orígenes genéticos y raciales no diferencian a los seres humanos. El racismo es un invento de los más reaccionarios de las clases dominantes para sojuzgar a los esclavos y a los pueblos colonizados. Todos tenemos el mismo origen: la mona Lucy que se encontró en Etiopía. Y nuestro mapa genético es idéntico, y muy poco diferente del de los primates.
3.- Es falso que el pueblo catalán se enfrentara a Castilla y al rey Felipe V en 1714, reclamando la independencia. La Guerra de Sucesión, a la muerte de Carlos II sin heredero, fue una guerra dinástica como tantas de la época, para hacerse con el trono de España. Enfrentando a la monarquía francesa con la austríaca. Todas las casas reinantes querían entonces hacerse con el trono de España que era la primera potencia mundial. Intervinieron en ella los ejércitos de Austria, Francia, Inglaterra, Holanda, Italia, España, unos a favor del Habsburgo y otros del Borbón. Y si la Generalitat de Catalunya apoyó al austríaco, que representaba además en aquella época la monarquía más reaccionaria, otros territorios, como el de Cervera, apoyaron al francés. Y en esa disputa la mayoría del pueblo catalán quedó al margen, obligado por sus gobernantes, clérigos y Ejército a alistarse en las tropas para defender sus intereses, cuando lo que deseaba era librarse de la servidumbre y la explotación.
4- Es falso también que Catalunya haya sido nunca independiente. Catalunya formaba parte del reino de Aragón.
5.- El decreto de Nueva Planta de Felipe V que abolió los Fueros de Cataluña. se enfrenta al feudalismo, inaugurando la etapa de construcción del nuevo Estado moderno.
6.- Ese decreto no significó hundir a Cataluña en la represión y la miseria, sino todo lo contrario: como anuló los acuerdos que había firmado Fernando con Isabel, permitió a los burgueses catalanes ampliar su comercio a las colonias americanas. Henry Kamen explica que “Cataluña siguió siendo una región importante, próspera y floreciente, el territorio más rico de España”.
7.- Lluís Companys no declaró la independencia de Cataluña ni en 1934 ni en 1936. Declaró el Estat Catalá dentro de la República Española.
8.- Los trabajadores, las mujeres, los militares, los intelectuales, de Madrid y de toda España que lucharon en defensa de la II República lo hacían también por el Estatut de Cataluña.
9.- El pueblo de Madrid que luchaba contra el fascismo lo hacía también por defender el Estatut de Cataluña.
10.- Los trabajadores catalanes, republicanos, anarquistas, socialistas, comunistas, se levantaron en armas el 18 de julio de 1936 contra el golpe militar, y crearon el cuerpo de voluntarios que fueron a intentar liberar Zaragoza y siguieron hasta Madrid, donde muchos dieron su vida defendiendo la capital de la República. Entre ellos el dirigente anarquista Buenaventura Durruti. Ellos no se equivocaban, sabían el que único enemigo era el fascismo.
11.- Durante la dictadura los comunistas catalanes no nos planteamos nunca la independencia de Cataluña. La consigna que defendíamos era “llibertat, amnistía y Estatut de Autonomía”, que era el de 1932, aprobado por las Cortes republicanas.
12.- Ni los españoles ni los madrileños padecieron nunca ninguna catalanofobia. Barcelona siempre fue el ejemplo del mayor desarrollo industrial y mercantil, artístico, cultural, científico, de nuestro país, admirada por todas las demás personas que vivían en España.
13.- No es cierto que el 80% de los habitantes de Cataluña quieran el referéndum sobre la independencia. Es otra falacia de los gobernantes. Hay que conocer al pueblo que vive en Barcelona y su conurbación industrial para saber que la mayoría ni quería modificar el Estatut, promovido por Maragall y origen del actual conflicto –votó menos del 50%- ni le importó la sentencia del Tribunal Constitucional ni quiere ahora esas aventuras. Solamente la ley electoral ha permitido que los partidos independentistas formen gobierno.
14.- El derecho de autodeterminación -libre determinación en lenguaje internacional- aprobado por el acuerdo de Woodrow Wilson y Lenin, al terminar la I Guerra Mundial, se refiere a los países colonizados por las potencias colonizadoras. Nadie en sus cabales puede creer que la situación de Catalunya –mejor dicho de los catalanes- es como la del Sáhara bajo la opresión de Marruecos o la isla de Timor bajo Indonesia o la de la India o Kenia bajo el imperio Británico.
15.- Y por supuesto, nadie puede reclamarse de izquierdas planteando divisiones y separaciones entre los trabajadores. Porque esas solo benefician a la burguesía. Lo importante, no es si eres catalán o castellano sino si eres amo o esclavo. Y planteando la independencia de Cataluña del resto de España se consigue la atomización de un país que había llegado a un nivel aceptable de convivencia y solidaridad entre sus pueblos.
16.- Es inadmisible que se diga que Cataluña tiene una situación económica peor que el resto de España. Posee la segunda renta per cápita más alta después del País Vasco –ya sabemos por qué. Y si existe un déficit entre lo que produce y recibe es lógico. De la misma manera que los ricos pagan –o deberían pagar- más impuestos que los pobres, si todavía creemos en la redistribución solidaria como conquista de la izquierda. Esta es la reclamación de la independencia de los ricos.
Solamente el ejemplo de Yugoslavia podría hacerles reflexionar a los irreflexivos defensores de la independencia de Cataluña. Un hermoso y próspero país, que había logrado la paz y la federación después de la II Guerra Mundial, y estaba construyendo el socialismo, convertido en un mosaico de minúsculos Estados pobres y dependientes totalmente del Departamento de Estado de EEUU. Claro que hay quien dice que Cataluña sea otro Luxemburgo, otro paraíso fiscal entre Francia y España, bajo la potestad de la OTAN.
Es inaceptable que para conseguir ese objetivo se plantee un referéndum. Que, como todos, sería organizado, defendido, publicitado, con todos sus medios, por ese gobierno catalán, encubridor de las mayores tropelías de sus antecesores, para ganarlo.
Y, para que nadie se llame a engaño: yo soy catalana. Aunque hija de emigrantes, como tres millones más de los ciudadanos de aquella Comunidad que con nuestro trabajo y nuestra plus valía hicimos rica y grande a la burguesía catalana.
La izquierda española, si despierta de este hipnotismo y es suficientemente valiente para denunciar el engaño de los independentistas catalanes, debe dedicarse a unir a los trabajadores y mujeres de toda España contra los enemigos comunes: la Monarquía, el Capital y el Patriarcado.

Y mientras no tome ese camino, quedará derrotada y sin impulso para dirigir las fuerzas que tienen que alcanzar el poder para transformar el país.

jueves, 28 de septiembre de 2017

LA VAQUILLA


Hace muy poco tiempo leí en la puerta de un pequeño comercio esta inscripción: Cerrado por cansancio. Me llamó mucho la atención esta forma de dar a conocer un cierre por vacaciones.
Hay otras muchas formas de echar el cierre a las persianas por cansancio; son aquellas que indican que uno está hasta donde no puede o no quiere más de algún asunto, sea este físico o mental.
En el plano social, a mí me ha sucedido con dos hechos: el llamado asunto (¿tema, cuestión, motivo…?) vasco y ahora el catalán. ¡Toda mi vida pendiente, un día sí y el otro también, con las relaciones tensas, con los recelos, con las negociaciones, con los chantajes, con…! Yo quisiera tener una vida más tranquila, con sorpresas de noticias que suman y no que dividen ni restan, con la monotonía de la tranquilidad, con el gozo del acogimiento por parte de todos, con la confianza de que el de al lado me mira para darme la mano y no para exigirme, y menos para chantajearme o tomarme por tonto.
A veces me paro a pensar para tratar de darme alguna respuesta, por muy parcial que sea, y caigo en el desasosiego porque no la hallo y me pierdo. Procuro describir conceptos y ordenarlos, como forma menos mala y tal vez única de armar un pensamiento, y los conceptos me llenan enseguida las alforjas y se me caen de las manos, algo así como lo que le sucedía a Sancho con sus refranes: ley, legalidad, legitimidad, orden jurídico, contexto histórico y social, emoción, sujeto  de soberanía, objeto de soberanía, formulación y ordenamiento del ejercicio de soberanía, derechos individuales, derechos colectivos, democracia directa, democracia representativa, equivalencia o no entre votación y democracia, solidaridad, control de emociones, tipo de respuesta a las emociones, desgarro social y territorial, nacionalismo y soberanismo, pueblo, nación, estado… Ya digo, se me caen de las manos.
Cada uno de ellos me da para un buen rato y para demasiadas líneas. Creo que todos tienen aristas y demasiados apuntan en dirección contraria unos contra otros. Es ese el momento en el que pienso que lo menos malo es jerarquizarlos, entender que lo menos negativo es comenzar por los más amplios y esenciales, pues los demás se entienden mejor si los vemos dependientes de los más extensos. Y, como todos tienen aristas y límites, parece conveniente rebajar imposiciones y limar asperezas, es decir, rebajar certezas absolutas y dar cabida a verdades algo más relativas. Hay que objetivar un esquema jerarquizado y saber qué debemos defender como fundamental. Después, todo ha de ser dialogar y ceder, tener altura de miras y exponer sin reservas tu opinión, pero sin renunciar serenamente a que los otros expresen la suya.
Cualquiera que lea estas líneas podrá argumentar, con razón, que se expresan solo ideas generales, pero que el día a día exige tomar decisiones, mancharse las manos y actuar. Es verdad. Solo pido que no nos olvidemos de pensar, incluso en los días de más acción. Las ideas, si no son muy desacertadas, permanecen en el tiempo, las acciones son más inmediatas y vistosas pero menos convincentes.
Otra vez las palabras del poeta: “De todas las historias de la Historia / la más triste sin duda es la de España…”
Y hoy escribo estas líneas en el ambiente local de una fiesta que conmemora un levantamiento popular en la búsqueda de la libertad. Eran otros contextos, claro, y otras las situaciones.

Pobre piel de toro, transformada en vaquilla de toreo popular. Pobre vaquilla nuestra.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

SUEÑOS ROTOS


 SUEÑOS ROTOS
(de uno más entre todos los sencillos)

Dibujaba los días con el lápiz
de la ilusión guardada en un armario:
levantarse, jugar a ser lo mismo
que los vecinos esos que a las ocho
salen apresurados de sus casas
para no llegar tarde a su trabajo;
después, irse a pasar algunas horas
en un paseo tranquilo o arrimarse
a la barra de un bar junto al aroma
de un café bien cargado. (Al fin y al cabo,
¿qué podía tener él que señalarse
distinto a los demás? Eran sencillos
y humildes su deseo y su ilusión).

Pero echaba sus cuentas y esa hora
de abandonar el tacto de las sábanas,
o el espacio vacío del calendario
-sin siquiera una simple ocupación-
lo dejaban sin causa: ¿adónde iba
sin horario obligado, sin destino
seguro en que asentar su condición
de simple ser humano, de aspirante
a unos más entre todos, nada más?

Entonces, lentamente, se sentaba
en el viejo sofá del comedor,
miraba hacia el trasluz de la ventana
y siempre divisaba el horizonte
del color de la lluvia y la tormenta.

Volvía a desplomarse en el silencio
de su viejo salón y abandonaba
cualquier simple conato de  esperanza.
El mundo está bien hecho, le habían dicho
en variados formatos de opinión,
estamos superando esta gran crisis
que está durando demasiado tiempo”.
Y, al momento, anunciaban en la tele
las cuentas y ganancias de algún banco,
los sueldos millonarios de otros pocos
que juegan como locos al balón.

Sin causa ni razón que le empujara,
se volvía a la cama y, a su amparo,
rumiaba entre las sábanas el sueño

que nunca conseguía hacer realidad.

lunes, 25 de septiembre de 2017

NACIONALIZACIONES


En su obra Capitalismo, socialismo y democracia, el economista y profesor J.A. Schumpeter, no precisamente un enemigo declarado y peligroso del sistema capitalista, enumeraba, como condiciones de paso, desde un capitalismo, predestinado a morir desde sus propias normas y expansión, hacia un socialismo maduro y tranquilo, algunas nacionalizaciones que se podían hacer como primeros pasos. Estas nacionalizaciones son las siguientes: “1) El aparato bancario; 2) El ramo de los seguros; 3) Los ferrocarriles y en general el transporte; 4) Las minas (carbón); 5) La producción, transmisión y distribución de la corriente eléctrica; 6) La industria del hierro y del acero; 7) Las industrias de la construcción y los materiales de construcción”.
El texto posee casi ochenta años. Las circunstancias han cambiado sustancialmente pues los descubrimientos científicos y sus aplicaciones técnicas han creado una realidad nueva. El número de personas y su organización también resultan algo impensado para la primera mitad del pasado siglo, época en la que se articulaba este pensamiento…
Pero parecería lógico suponer que la parte de realidad que habría de pasar al interés y al dominio colectivo tendría que irse ampliando sucesivamente, es decir, que tendríamos que habernos puesto de acuerdo en entender que hay muchas cosas que no pueden faltar a ningún miembro de la comunidad porque son bienes básicos y todos debemos disponer de ellos en cantidades mínimas que aseguren la supervivencia. Suprimir elementos de este grupo de siete propuesto no sería dificultoso. Pero tampoco lo sería añadir muchos más que apuntarían a los derechos humanos generales y a un nivel de ética social en el que deberíamos instalarnos e ir ampliando como mejora de toda la sociedad.
No estoy seguro de que se cumplan en nuestros días ni siquiera los que el profesor Schumpeter enumera. Basta repasar la lista o detenerse en alguno de ellos.
¿Qué pasa con el agua y con la electricidad, por ejemplo? ¿No son bienes básicos que no se pueden dejar en manos privadas y sin un férreo control público? ¡En pleno siglo veintiuno!
Acabamos de pasar un caluroso y seco verano. Nos asomamos al periodo del frío. Las reservas de agua son las mínimas. El frío en los hogares más humildes se hará notar y habrá mucha gente que no sabrá lo que es sentirse a gusto en el calor de casa. ¿Se le pueden negar a un ser humano unos mínimos de supervivencia en estos dos productos?
Mientras tanto, las eléctricas y concesionarios de aguas se forran o dejan que se forren algunos de sus dirigentes de manera ilegal y siempre indecorosa. Los primos del jefe siguen negando el cambio climático y los demás nos ofuscamos hasta el odio en identidades territoriales y derechos ancestrales de la tribu.
La aplicación de estos derechos tiene planos muy diversos; van desde el nivel estatal hasta el municipal e individual. Las concesiones municipales del agua, por ejemplo, dependen de las poblaciones. ¿No merece al menos la pena una discusión serena y razonada este asunto? ¿La promueven los partidos? ¿Y las asociaciones de todo tipo: culturales, deportivas, vecinales…? El desarrollo de los principios puede resultar más complicado, pero la visión de conjunto es clara como los rayos del sol.

Ahí seguimos, en el recelo individual y en la mirada corta y egoísta, personal y cicatera. El tiempo dirá, si es que quiere decir algo. Ahí queda apuntado. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA EMOCIÓN


La elección de la palabra es siempre importante, pero aquí se me antoja clave. No sé si la mejor es emoción o acaso debería utilizar conmoción, convulsión, exaltación, agitación o hasta rebelión. Otra vez la imprecisión de la palabra.
En todo caso, quiero referirme a ese estado de ánimo alterado en que se encuentra un buen número de habitantes de Cataluña y que, al ser compartido, tal vez convierta todo en conmoción.
Ayer oponía la legalidad a la emoción en este caso. Lo hacía no porque necesariamente tengan que ser opciones que se excluyan sino porque creo que, según demos prioridad a un término o a otro, las actuaciones terminan siendo diferentes y, sobre todo, las formas que se practican a partir de esa elección. Dije y sostengo que, si no tenemos como primer referente la legalidad jurídica positiva, no hay forma sencilla -ni casi difícil- de ponerse de acuerdo. Escribí también que poner puertas al campo no es posible. Y en esas estamos, en poner puertas a una riada que se ha hecho casi diluvio.
Controlar emociones, sobre todo si son colectivas, resulta mucho más difícil que desbordarlas. Hasta ahora, muchos hemos contribuido al desbordamiento y a la riada, aunque no todos con la misma fuerza y entusiasmo. Encauzar ahora la crecida emocional no parece que tenga mucha mano de obra preparada y dispuesta. ¿Cómo se puede hacer eso? Yo no lo sé. ¿Cómo puede renunciar un gobernante cualquiera a cumplir y a hacer cumplir la ley? ¡Es su primera y principal obligación! ¿Cómo se puede, por otra parte, sustraerse a la emoción de un amplio colectivo, sobre todo cuando se comulga con esa emoción, como es el caso de los gobernantes catalanes? Cualquier renuncia, por cualquier parte, se antoja imposible, y las llamadas a la “negociación” en estos días parecen simples brindis al sol.
Yo no puedo negar el derecho a la emoción de nadie ni a su expresión individual             (yo mismo me emociono cada dos por tres) o colectiva. Sí afirmo que las aglomeraciones me dan literalmente miedo y que la experiencia enseña que un botellón místico no se hace solo en el Vaticano. Ahí están los estadios deportivos, las verbenas, las salas de fiesta, los mítines, las plazas de toros… Me resulta también muy difícil de objetivar conceptos abstractos y genéricos: nación, libertad, democracia… si no hay por detrás personas de carne y hueso.
Lo peor de todo es que a unas emociones se puede responder con otras emociones, también desbordadas y caudalosas. De hecho ya se puede observar en muchas ocasiones: productos comerciales, viajes, conversaciones… Este mal ya está hecho y su curación será larga y penosa.
Pero las aguas bravas corren impetuosamente hasta la llanura y hasta el mar; navegar por ellas exige gran pericia. Solo entiendo de nuevo, como tabla salvadora a la que agarrarse, la del sentido común y la buena voluntad. Quizás sea muy poco para esta ocasión.
Lo siento, no doy para más, no llego más lejos en este asunto.

Y, sin embargo, ¡hay que vivir, y levantar la cabeza cada mañana! ¿Por qué no ver sumas en lugar de restas y distanciamientos? A veces las cizañas crecen entre el cereal y no lo dejan ver. Ojalá grane el trigo y dé al final buen pan.

jueves, 21 de septiembre de 2017

ACLAREMOS CONCEPTOS

 ACLAREMOS CONCEPTOS
Ne cuesta sustraerme de todo lo que estos días está sucediendo en Cataluña y no sé si no es obligación de cada uno reflexionar un poco más y no ponerse de perfil dejando que pase la tormenta. Porque la tormenta tal vez pase, pero los efectos del nublado se dejarán sentir durante mucho tiempo. De hecho, el mal ya se ha producido y se viene cociendo desde hace demasiado tiempo. El nivel de desafecto (no es mal contexto este para el eufemismo) entre personas y territorios es tal que nadie sabe cuánto va a durar el catarro, la gripe o la neumonía, pero seguro que una temporada muy larga, Y esto se producirá sea cual sea el resultado de este episodio que no sé cómo calificar y por eso utilizo esta palabra baúl “episodio”.
En todo caso, levantemos la vista y serenemos, si es posible, el ánimo. De cualquier crisis se puede salir con algo aprendido, aunque solo sea en alguna parte de lo que se sustancie. Hace unos días enumeraba algunas de las que yo creía verdades en todo esto. Y lo primero que veía era el conflicto que creo observar, en lo que a Cataluña se refiere, entre legalidad y emoción. Llevar a ambas de la mano se me antoja, ahora más que nunca, muy dificultoso. Pero afirmaba que, sin el referente primero y principal de la legalidad, no hay manera de conducir nada con garantías de éxito.
Por más que sea necesario, me parece que es más complicado razonar en el mundo resbaladizo de la emoción, sobre todo cuando se acumula en masas sin control.
Creo que es algo más sencillo rastrear alguna enseñanza en el nivel jurídico y legal. A mí me gustaría que, a partir del ejemplo desgraciado que nos ocupa, supiéramos extraer alguna consecuencia y saber con algo más de certeza a qué atenernos y en qué terrenos nos estamos moviendo. Es labor de juristas la de ilustrarnos, pero supongo que podemos llegar, desde el sentido común, a formularnos algunas preguntas al respecto. Planteo las siguientes:
1.- ¿Qué es eso del sujeto y el objeto de soberanía? Para el caso y con palabras más sencillas, ¿quién puede votar y qué es lo que se puede votar?, ¿quién está llamado a votar en cada ocasión y en cada consulta? Porque las votaciones, como la libertad de expresión, por ejemplo, tienen límites. ¿O se puede votar cometer un delito? Sería muy democrático si obtuviera mayoría de votos, pero no parece que podamos decir que fuera legal. ¿Y que un canadiense votara en un asunto español o catalán?
2.- ¿Cuáles son las condiciones formales que tiene que cumplir una votación real y reconocible? Censos, locales, mesas, verificaciones…
3.- ¿Cuánta gente tiene que participar para considerar la consulta válida?
En definitiva, sería conveniente aprovechar para que a todos nos quedaran claras las respuestas a estas tres cuestiones: quién, qué y cómo se vota o se realiza una consulta. A aclarar alguna de estas preguntas deberían dedicar esfuerzos los más preparados. El contexto puede ser cualquiera: ateneos, conversaciones de bar, conferencias, instituciones, sedes de partidos…
Lo de Cataluña no será el diluvio; y, si lo es, ya escampará, aunque el aguacero se prevé largo y muy oscuro. Aclarémonos en este conflicto y así sabremos algo mejor de qué estamos tratando, en este y en todos los demás casos.

El apartado emocional resulta más confuso, pero alguna vez habrá también que abordarlo y decir algo al respecto. Ya adelanto que me siento perdido e inseguro.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

PETICIONES INÚTILES


PETICIONES INÚTILES

Que la razón comprenda
que hay razones que no tienen razón.
Que mis manos sean molde
del tacto en las fronteras de tu cuerpo.
Que no haya mercenarios
si no es para llevarnos a la paz.
Que la risa se empeñe
en darle solución a la tristeza.
Que el olvido sea parte
de nuestro singular vocabulario.
Que la muerte aniquile
la certeza indudable de la vida.
Que queramos que el tiempo
no cumpla a su capricho sus promesas.
Que no sea la música
una profanación hermosa del silencio.
Que no siga sintiendo
que soy conciencia fiel del universo.
Que este humilde decálogo

sustituya la fe en los demás dioses.

lunes, 18 de septiembre de 2017

EQUIDISTANCIA


Siempre he escrito que la palabra, por naturaleza, es pobre e imprecisa, que recoge tan solo una aproximación a la descripción que de la idea de una cosa nos hacemos cada uno de los que la usamos. Desde la realidad externa hasta las palabras hay un trecho largo y varias estaciones que distraen la atención del viajero. Tomémoslas, pues, con serenidad, sin imposiciones tajantes y con el buen talante del sentido común.
Para estropeárnoslo todo y dejarnos con la cara pintada, vienen luego las acepciones, los campos léxicos y las evoluciones inevitables, tanto en la forma como en el significado.
Sucede con todo, y con todas las palabras. Viene a mi recuerdo, de nuevo, la realización de una tesis doctoral -de un chino, para más inri- acerca de la humilde preposición “a”. Pues el esfuerzo investigador tenía nada menos que casi mil páginas. Casi nada.
¿Por qué en estas pocas líneas el término EQUIDISTANCIA y no otro? Pues porque en estas fechas toca tomar posición respecto de un asunto muy grave en términos históricos y sociales. Es, claro, el “asunto” catalán.
Equidistancia -parece evidente- tiene, en su origen, sentido y aplicación geométricos. Aún los mantiene en su definición: “Igualdad de distancia entre varios puntos u objetos”. Pero la maravilla y la magia de la lengua nos permite agrandar el mundo y ampliar los campos a los que, por diversos motivos, se va dirigiendo la palabra, hasta apoderarse de ellos. Hoy, además del contexto geométrico, todos debemos entender que la cualidad de equidistante se la aplicamos a aquella postura según la cual, en un conflicto, tanta culpa tienen unos como otros y deben repartirse, a partes iguales, la penitencia. Es una manera muy fácil de quitarse el muerto de encima y de no comprometerse, de salir bien parado y de ganar siempre, sea cual sea el resultado final.
Claro que depende de la interpretación que hagamos del concepto. Equidistantes despreciables son aquellos que, sin analizar, se desentienden y solo buscan no resultar comprometidos. Equidistantes razonables son aquellos que sopesan variables, causas y consecuencias, y que deducen, acertada o desacertadamente, conclusiones lógicas, en las que no encuentran verdades absolutas sino aristas e imperfecciones varias. Equidistantes despreciables son aquellos que, cuando han pillado in fraganti a los suyos, solucionan el asunto con aquello de todos son iguales, y que, cuando los señalados son los otros, no admiten ni un gramo de comprensión ni de benevolencia. Equidistantes razonables son aquellos que señalan tanto a los suyos como a los de los otros y, en ambos casos, lo hacen con serenidad y sin odio ninguno.
Ya se ve que también en este término, la escopeta de la interpretación la carga el diablo y conviene estar atento para saber con quién nos jugamos los garbanzos de la exactitud y de las intenciones. En cualquier caso, la equidistancia geométrica se puede observar y describir, la filosófica o social no hay forma de precisarla del todo.
¿Debemos, pues, ser equidistantes? ¿Y quién soy yo para asegurar nada? Pareceré equidistante también e indefinido. Pues no. Me gustaría razonar siempre y concluir con lógica, serenidad y equidad. Y siempre con la duda de que la verdad absoluta tal vez solo sea una aspiración y nunca una realidad. Solo así creo que se pueden solucionar los conflictos. Pero me da mucho miedo esa equidistancia ramplona del que no analiza y trata a todos con el mismo rasero.

No obstante, que nadie se confunda para el caso catalán. No quiero repetirme ni simplificar demasiado el asunto, pero, por si acaso no está claro, repetiré: Se enfrentan la legalidad y la ilusión. Sin legalidad no hay referente razonable. Hay, pues, que partir de ella siempre. Las leyes deben estar al servicio de los ciudadanos (de todos, sobre todo de los más necesitados), no los ciudadanos al servicio de las leyes. Poner puertas al campo de la ilusión (bien o mal entendida -como la ley-, esto poco importa) no es posible sin una convulsión demasiado grande. El sentido de separación provoca en el rechazado reacciones también pasionales que no son fáciles de encauzar razonadamente. Buscar separación desde situaciones económicas ventajosas no parece precisamente ni muy racional ni muy solidario. Los nacionalismos siempre son de derechas y egoístas, aunque se disfracen de gentes de izquierdas. Me interesan mucho más los que suman que los que restan, los que aman que los que odian, los que acercan que los que separan. Las situaciones se explican mejor si se analizan todos los antecedentes que las han propiciado y hasta provocado… De modo que todos tendremos alguna culpa, pero no todos la misma culpa. Equidistantes, no, por favor.

sábado, 16 de septiembre de 2017

DE UN PASEO FRUSTRADO


La tarde invita a pasear: la temperatura es agradable, estoy algo cansado de leer y necesito pasear y que mi cuerpo se active… Vamos a ello.
Cuando cierro la puerta de mi casa y quiero llamar al ascensor, me encuentro con el piloto en color amarillo, lo que me indica que alguien lo está utilizando. Espero un momento. Enseguida me doy cuenta de que algún vecino dialoga en voz muy alta con el del piso de al lado y debe de tener la mano en la puerta sin dejar que esta se cierre. Aguardo otro poco y decido golpear para que lo dejen libre. Se apaga la conversación y el botón se oscurece. Ahora puede subir hasta donde lo espero.
La puerta de la calle me aguarda abierta del todo: alguien la ha dejado así al salir, como si nada le importara la privacidad del portal. Menos mal que hay poco que guardar y por aquí la gente no suele meterse donde nadie la llama. Pero me doy de bruces con un coche que se halla estacionado justo enfrente del portal. El conductor debe de ser un aplicado geómetra pues lo ha colocado exactamente en el lugar preciso, de tal manera que impide el aparcamiento de otro vehículo tanto por delante como por detrás. Todo para él y para su coche. Levanto la vista y observo que algo parecido ocurre en otros dos lugares de esta pequeña plaza. La forma en que se estaciona un coche y se conduce sirven ya como símbolos de la manera de ser y de comportarse de cualquier persona. Prefiero no glosar este hecho.
Ya me esperan las voces de un grupo de muchachos -casi niños- que se alborotan sentados en un banco y que son capaces de dar voces y de jugar cada uno con su móvil, como si tal cosa. Acelero el paso para salir cuanto antes de la plaza. Quizás no debía hacerlo pues enseguida me asustan dos coches que bajan por la calle a toda velocidad y con la música a todo volumen, como si fueran gallos que se pavonean en un corral de gallinas. Me quedo mirándolos y suelto algún improperio para mí mismo, pues ellos ni me oyen ni me escucharían si me oyeran. Casi mejor así pues algún día me buscaré un disgusto en la respuesta que me puedan dar.
En este estado de ánimo ya alterado, prefiero poner rumbo hacia el campo. Santa Ana es un lugar cercano, tranquilo y delicioso en su verdor y en su sombra. Venga, vamos. Cuidado con la carretera porque la limitación de 50 km por hora no es siempre respetada y el cruce de paso de cebra se puede volver peligroso. Esta vez no: dos vehículos, uno en cada dirección, reducen su marcha y amablemente esperan a que crucemos hacia la otra acera. El camino nos espera y el sol nos da de frente pues ahora su arco está ya casi cumplido y sus rayos vienen directamente hasta nuestros cuerpos. Pronto, la sombra y el fresquito del paraje.
Queremos sentarnos y lo hacemos bajo uno de los plátanos altos y umbrosos que allí abundan. Qué tranquilidad, qué ambiente para la charla y para el recuerdo. Aquí se está muy bien.
Por poco rato pues no han pasado ni cinco minutos cuando un grupo de muchachos de edad indefinida sale de un coche y cruza por todo el verde del jardín sin importarles lo más mínimo el respeto a la zona sembrada. Estoy seguro de que no tienen conciencia de que lo que hacen no está bien. Deduzco que su conducta, así, es imposible que se mejore. Con ellos salta por donde quiere un perro que asusta por su aspecto y que se mueve cerca de nosotros. Enseguida empiezan su conversación en un tono altísimo y esparcen por el suelo latas de cerveza vacías, bolsas de pipas y otros envases. La misma falta de conciencia de hace unos minutos.
No son ellos solos. Lo mismo hacen otros dos grupos en menos de diez minutos. Los perros se enzarzan en una pelea de ladridos sin control y aquello se convierte en un pabellón de locos.
Decidimos volvernos y abandonar aquel paraje en el que tan bien se estaba en silencio. A la vuelta (tal vez sería por la hora), dos coches cargados también de jóvenes nos asustan con la velocidad a la que corren por la estrecha carretera.
Aceleramos el paso de vuelta a casa. Pronto llegamos a la plaza. Esta vez la puerta está cerrada y el ascensor descansa libre. El sillón ahora era más reparador que otras veces. Un suspiro de alivio se me escapa de la boca.

Por unos momentos pienso si mi condición es la de misántropo. No escribiré lo que me contesto.

viernes, 15 de septiembre de 2017

LEY Y EMOCIÓN


Ley: “Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados”. Es la tercera acepción que recoge el diccionario académico.
Nuestra vida se rige por un número reducido de conceptos que nos orientan en un comportamiento personal y social. Hoy este de la ley es el que acaso esté más de actualidad: se suceden juicios conocidos por todos o se concretan procesos políticos que a todos nos traen de cabeza y a mí me desasosiegan tanto como me hastían.
Nos referimos, por supuesto, a las leyes positivas, no a las que podrían derivarse de un supuesto derecho natural. Ese es asunto peliagudo y no encuentra acomodo en las líneas de hoy.
Los seres humanos en comunidad acuerdan códigos por los que regirse y a los que atenerse en caso de conflicto. Su confección la realizan los representantes políticos (poder legislativo) y las interpretan y sancionan los jueces y magistrados (poder judicial). El esquema general es tan sencillo como este.
Hay, sin embargo, consideraciones que inmediatamente se ponen al alcance para ser tenidas en cuenta. Destaquemos un par de ellas.
La primera tiene que ver con la confección de esas leyes. En la propia definición se recoge que es “para el bien de los gobernados”. Otros fines espurios anularían la bondad de esos preceptos. Pero, incluso si la intención es la mejor, se corre el riesgo de no atinar con la perfección en esas reglas.
La segunda hace referencia a la indigencia de los contenidos de las leyes y de las palabras y artículos en los que se recogen y formulan. Si las palabras son por naturaleza imprecisas y vagas, ¿cómo pueden ser interpretadas ad pedem literae? Y aún más importante, ¿cómo se puede recoger toda la diversidad y riqueza de la vida en un código, por muy atinado que sea?
Parece que de ello puede deducirse que, sin una interpretación atinada, pero sobre todo llena de sentido común y de buena voluntad por las partes, el conflicto está servido.
Quiere servir la reflexión para cualquier situación en la vida, pero a nadie se le escapa que la mente anda puesta ahora en el conflicto catalán. Ya he expresado mi opinión hace tiempo. En casi nada la he cambiado. Sin el referente de la ley, nada podemos hacer; sin una interpretación ajustada a la comprensión, a la buena voluntad y al bien de la comunidad como último destino, estaremos en las mismas.
Se enfrentan en el conflicto un referente legal y otro de carácter emocional. Este choque de trenes no tiene solución correcta sin mirada alta, sin referentes claros y sin levantar demasiado la voz. El referente legal tiene la ventaja de que posee un camino de solución ordenado y con recursos; al emocional le apoya el empuje de la ilusión ante algo desconocido y compartido por muchos de los más próximos.
La Historia enseña muchas cosas al respecto. Todos deberíamos saber a qué atenernos y tener la honradez de relacionar las causas con las consecuencias.
Ojalá que al menos nunca traspasemos los límites del respeto y que nuestra meta sea el bienestar de los gobernados. Pero de todos, no solo de los más ricos y menos necesitados. Porque levantarse de la mesa cuando sabes que en tu casa tienes un plato más sabroso no es precisamente muy progresista ni solidario.

Pues eso.

jueves, 14 de septiembre de 2017

METAMORFOSIS (XX): ACTEÓN

ACTEÓN

(No es crimen, sí delito de fortuna,
la presencia en el tiempo y el espacio
de un desnudo de diosa irresistible.)

Vagaban por los montes apartados
Acteón y sus  muchos compañeros
a la hora en que Febo luce ardiente
en lo alto del cielo con sus rayos.

Un valle resinoso de sus pinos,
consagrado al reposo de Diana,
cerca de allí se esconde. En un extremo,
un borde de agua mana de una fuente.
En él la hermosa diosa de los bosques
solía sumergir bajo las aguas
sus blancos muslos y sus dulces pechos
de ardiente desnudez.

Errando por los bosques, llegó al bosque
Acteón. Penetró en la negra cueva.
Las ninfas que, desnudas en las aguas,
 acompañan a Diana
llenan los montes con sus alaridos
y ocultan con sus cuerpos
la imagen de la diosa cazadora.

Más alta era la diosa y ofrecía
su cuello y su cabeza a la mirada:
como un golpe de sol que ennobleciera
la cara de la tarde era su rostro,
como el oro bruñido
reverberando al sol.

Con agua de la fuente cristalina,
salpica los cabellos,
 el rostro de Acteón
y anuncia para él largas desgracias.

De Acteón se alarga el cuello,
sus manos ya son pies y largos cuernos
de ciervo le coronan larga vida,
el cuerpo está velado en piel oscura
de veloz animal.
Mas le queda el temor y la vergüenza
de la conciencia humana.

Cuando se vio en el agua reflejado
en figura de ciervo,
lanzó un gemido que estremeció al bosque.
Los perros que servían en la caza
descubren la presencia de aquel ciervo,
dueño otros días, cruel botín ahora.
El dueño es perseguido por sus siervos
por donde no hay camino ni salida.
Muy pronto las heridas de los dientes
llenan el cuerpo entero
del cérvido Acteón. Sus compañeros
le gritan a porfía por que acuda
a contemplar la presa que se apaga.
Gime Acteón con un sonido triste,
sin poder dar certeza a sus amigos
de que es la hermosa presa que contemplan
y el infeliz amigo por quien claman,
y muere mientras sacia de Diana
la cólera de diosa insatisfecha.

(Hay que ver cómo son estos dioses,
que, en lugar de gozar sus amores
en sitios umbrosos,
despedazan en ira las ansias
del que un día cualquiera
contempla unos ojos en forma de estrellas.
Anda y que los zurzan

con agujas negras).