jueves, 8 de diciembre de 2016

INVITACIÓN A LA MESA


INVITACIÓN A LA MESA

Abrid la mesa y que su entorno acoja
a cualquier comensal que haya en la sala:
los que llegan con vino y los que solo
se aproximan sedientos y con hambre.

Ofreced ropas limpias a los sucios
y que coman también de cualquier plato,
que dejen olvidada la cuchara
de la desesperanza.

Mirad hacia lo alto, abrid ventanas
y que bajen las aves a la mesa:
también suyas serán esas migajas
que ningún otro quiere. Abrid las puertas
y que entren los más pobres, los que viven
sin muebles, sin amigos o sin techo,
que pasen sin llamar y con confianza:
hay sitio para todos.

Y dadles la palabra, que se expresen
y digan lo que casi siempre callan.
Que corra la bebida sin reparos;
que la mesa sea un gran corro de fiesta
en la que no haya dioses ni demonios,
sino la compasión con los que menos  
sienten que los acoge la esperanza;
que los que sirven siempre el primer plato
esta vez sean servidos a la hora
de tomar el segundo.

Los frutos de la huerta, las bebidas,
el pan y los pescados son producto
del sol y de los vientos, y en los ríos
el  agua corre libre y da contento
al que quiera beberla cada día.

Llamad, que vengan todos a la mesa,
que la mesa es de todos
y hay sitio y hay comida suficientes   

también para los más hartos de hambre.

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