martes, 1 de abril de 2014

HASTA LAS CUMBRES EN JUNIO


¡Las mañanitas de abril son tan dulces de dormir! Me deja esta mañana entre las nubes, cargadas de prisa y húmedas, que corren en tropel hacia ningún sitio, mientras dejan el tacto de sus gotas en el campo y en mi cuerpo. Ya no es el invierno oscuro y arrecido, es distinto el ambiente a pesar de que el aire enfada todo y lo cimbrea, como queriéndole quitar cualquier atisbo de vida nueva. ¿Por qué te enfadas, aire? Deja que todo fluya y que nazca sin dolor, que abra sus ojos y descubra lo hermoso del sol y de los cielos; que, aunque sea a ras de tierra, se hermane con los otros vegetales, perezosos aún en esta primera primavera, como perezoso ando yo con el recuerdo encima de la tibieza de las sábanas de mi habitación.
Las hojas de las ramas en los castaños del parque se asoman temerosas de lo que haya allá fuera; por eso sus capullos se abren como en oleadas y por tandas, antes los de los árboles que se orientan al sur y algún día después los que se asoman al norte. En cuanto consiguen despojarse de la resina que cubre sus incipientes hojas, se arriman al abismo pequeñitas y tiernas, como pajarillos de primer día o polluelos recién salidos del cascarón. Pero, una vez que se han asomado, toman fuerza y se abren al espacio, como si quisieran conquistarlo todo para ellas. Y crecen y crecen y se hacen grandes en su ternura y en su verdor hasta que componen un paraguas de sombra y de frescor para el paseante. Qué sorpresa la suya en esos primeros momentos. Como sorpresa tiene que ser la de cualquier ser que llega a la vida desde el silencio y la oscuridad.
Hoy el agua las golpeaba y no sé si no se enfadaría alguna hoja, tan pequeñita y tan aturdida. Cada día que paseo, en las mañanas frescas, por el parque, noto como un decorado distinto y más acogedor. Después me dejo llevar hacia los campos, un poco más lejos del ruido de las calles, y, solo y al amparo de los pájaros, respiro y me complazco, siento y pienso en la extraño y hermoso de la vida, y observo cómo se despereza la ciudad estrecha a lo lejos.

Es otro día más y otro día menos. Este es ya de abril y, en esta serranía todo se despierta lentamente. El campo irá dictando sus preceptos. Desde ahora hasta la coronación de flores en lo alto de la sierra, todo será crecer y abrir el tiempo hacia la luz. Las flores en lo alto de la sierra marcarán el comienzo del verano. Toda la primavera por delante para andar y dar regocijo a todos los sentidos. Vamos. 

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