martes, 4 de marzo de 2014

UN NUEVO DÍA


Cuando la clara luz de la mañana
se asoma sin pudor a mi terraza,
me llega la certeza de que el día
se anuncia para todo lo que quiero.

Lo primero es el tiempo, las noticias
de lo que fue el pasado y ya no existe,
pues el ayer es hoy y ya sus huellas
se pierden en la bruma del recuerdo;
y el futuro me pilla muy lejano
-permitidme que al menos me despierte-.
Así que todo es hoy, es el momento,
la claridad, la gracia, la constancia
de que otro día la vida me recibe
y yo estoy para todo lo que existe
y me llama a su lado, con el alto
placer y con el ánimo dispuesto:
lo malo porque, si ha de ser, no ha sido;
lo bueno porque queda la esperanza
de tener la fortuna de gozarlo.

De modo que aniquilo mi pereza,
abro mis brazos a la paz que llega,
respiro y me recuerdo con las ansias
de colocarme el mundo por montera,
y salgo a dar abrazos y a dejarme
sazonar por los dones de la vida.

Veremos qué me aguarda en la escalera.

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