lunes, 10 de marzo de 2014

EL TIEMPO Y LAS COSAS



Cada tiempo tiene sus cosas y cada cosa pide su tiempo. Es una perogrullada en la formulación pero creo que de gran alcance en su ejecución. Porque las cosas se producen sin solución de continuidad en cada momento  y no entenderlas desde ese tiempo preciso y solo desde ese es errar su significado y quedarnos a dos velas. Si eso fuera verdad, resultaría que cada acción resulta sencillamente irrepetible y única, pues único es su espacio y es su tiempo, sobre todo si se admite que todo lo que sucede lo hace en las coordenadas del espacio y del tiempo.
Pero no quiero ir por ahí y desconozco por qué los dedos me han llevado a esta entradilla. Bueno, o tal vez sí. Porque estaba pensando que cada lunes dedico un rato a pasear por los pinos y cada lunes encuentro el paraje con algún elemento distinto a los de la semana anterior. Hoy mismo, una cuadrilla de operarios continuaba empeñado en apuntalar una barandilla nueva en el inicio de la carretera que, partiendo de la general, da acceso a los centros educativos y al paraje natural. Llevan allí demasiado tiempo para tan poco espacio y no quiero extraer consecuencias acerca de la intensidad de su trabajo. Para colmo, han arrancado algunos árboles que marcaban el inicio del buen tiempo con sus botones ensanchándose y explotando por estas fechas ya próximas a la primavera. Otro pequeño hurto a la vegetación y otra mordida de asfalto. Otra más.
El despojo mayor sigue estando en la tala de pinos que se ha llevado a cabo en casi todo el pinar. Hasta tres camiones con remolques gigantescos andaban empeñados en cargar los troncos que se apilan en diversos lugares. Son los mismos troncos que antes lucían verticales y que ahora yacen unos encima de otros, en espera del aserradero. Todos ellos supuraban gotas de resina que se resistían a desprenderse del tronco y que parecían como el lloro de los árboles o su amojamamiento. Resultaba inevitable pensar  qué resumen recogerá cada gota de resina tanto en el camino hacia el interior del árbol como hacia su exterior. En un intento inútil y nada provechoso, intenté impregnar la base de mi cayada con algo de esta resina, como para darle un pequeño abrazo a esa despedida, a esos paseos en su presencia, a sus ramas al viento, a su firmeza como testigo de tantas pequeñeces en la frescura de la ladera. Cada cual sabrá qué historias se llevan los pinos de su propia historia. Yo he paseado mucho entre sus troncos, por los caminos que ellos escoltaban, observado y amigo de todas sus cortezas.
Con ellos se marchan un poco esas cosas que tuvieron su tiempo. Y también el tiempo que tuvo esas pequeñas cosas. Quedan, no obstante, otros pinos más solos y espaciados; muchas ramas perdidas y esperando el calor y su sequía; varios caminos nuevos y embarrados trazados por las ruedas de las máquinas; los pájaros, que siguen asustados con esos ruidos raros y continuos; el sol, que ahora se cuela fácilmente hasta lo más interno del pinar; lo otros arbolitos, que tendrán más espacio para buscar la luz y su energía; y mis pasos tranquilos, que seguirán hollando el tiempo y el espacio entre los pinos, entre estos otros pinos.
Y serán otros tiempos y otras cosas, tal vez la mismas cosas para otros nuevos tiempos, tal vez los mismos tiempos para otras nuevas cosas, tal vez todo a la vez en el pasar sin pausa del tiempo y del espacio.  
Las aguas del río seguían umbrosas en el fondo, como surgiendo un poco alborotadas desde lo más profundo de la sierra. También siempre las mismas en el mismo cauce, o acaso siempre otras en las mismas riberas.
Un grupo de hombres subía lentamente hablando de no sé qué tarjetas que nada tenían que ver con medicinas sino con el balón y los partidos. Hablaban con energía, casi enfadados.

-          Buenos días, tómenselo con calma, que hace muy buen tiempo.

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