miércoles, 13 de marzo de 2013

UN PACTO NECESARIO CON LA...

UN PACTO NECESARIO CON LA…
Cuando menos la esperas, aparece
y saluda al tendido, como el diestro
que presiente el triunfo. Sin embargo,
otras veces
-estas son las peores, no lo olvides-
amaga simplemente,
insinúa que tal vez cualquier rato,
cuando menos la esperes,
se sentará a la mesa
y pedirá arrogante su menú del día.
No dará ni las gracias
a la legal bondad del camarero
ni abonará la cuenta. A la salida,
se vestirá otra vez su gabardina
y, con gesto y mirada despectivos,
dejará su tarjeta de visita
con cita indefinida y caprichosa.
Mientras tanto, los otros comensales
se mirarán confusos y aturdidos,
pensando en el vigor y el desparpajo
de aquella visitante caprichosa;
procurarán que avise el restaurante
si aguarda su visita
para salir de naja y no encontrarse
de nuevo con su cara.
Pero sabrán que es vano su deseo
pues la visitadora tiene pase libre
en todos los locales
de las causas ganadas o perdidas
y entra y sale a su antojo
sin que nadie le niegue la comida.

Lo mejor es, acaso,
buscar un pacto honroso,
prepararle la mesa con cuidado,
tener dispuesto todo por si llega
cuando menos la esperes y te pide
que le sirvas de postre
porque tiene ese antojo simplemente.
Has de vivir con ella mucho tiempo
y no convienen tratos
indigestos, airados, enojosos.

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