lunes, 11 de diciembre de 2017

DE OÍR Y CANTAR



DE OÍR Y CANTAR

Oí un cantar que decía:
"Triana tiene un candil
que desde el puente ilumina
al rio Guadalquivir".
Soñé en sus aguas morir.

Si el aire se acerca a verte,
déjalo que te despeine
acariciando tu frente.

Aprovecha este momento
pues un día despertarás
sintiéndote un hombre viejo.

Para alcanzar lo que quieres
no trabajes demasiado:
si lo olvidas, ya lo tienes.

Salud, dinero y amor,
reza el dicho popular.
¿Cuál es el orden mejor?

Sentir la verdad primera
es gozo de gran placer:

¡Qué verdad tan verdadera!

viernes, 8 de diciembre de 2017

NUEVA LECCIÓN DE GRAMÁTICA


NUEVA LECCIÓN DE GRAMÁTICA

La vida se articula en una frase,
simple o compleja, oscurecida o limpia,
según la compongamos con sus partes.
Delimitar la vida en esa frase
que contenga al completo las funciones
es lección que requiere fundamentos.

Poner lindes al quién, que es el sujeto;
darle voz a ese qué, que se completa
en verbo y complemento transitivo
-también los complementos indirectos,
que ponen cara y cuerpo a los beneficiarios,
o el tinte y el color del atributo,
que busca las cosquillas al sujeto-;
acotar los espacios y los tiempos
dándole su valor al dónde, al cuándo;
aquilatar  el cómo y el porqué
de todo lo que ocurre en el contexto
y pone al pormenor las circunstancias.

Sujeto y predicado, y es bastante.
Cada cosa por orden y en su sitio.
Una frase completa y luminosa           

si supiera por fin articularla.          

jueves, 7 de diciembre de 2017

OTRAS LUCES


OTRAS LUCES

No hay camino más largo ni confuso
que aquel que no conduce a ningún sitio.

Perseguir con el sol o con la noche
una meta imposible es tan cansado,
que es acaso mejor dejar la senda
velada entre la niebla, o bien que el cierzo
sacuda en vendaval. Y, con sosiego,
pararse, reposar y hacer que luzcan
los tenues resplandores del presente
(esas pequeñas cosas tan seguras
que ponen su latir a nuestro lado
y caen y se levantan, como hacemos
cualquiera de nosotros),
sin Ítacas ni esperas prometidas
en lejanos lugares celestiales.

Si ha de existir la luz de otra manera,
será un regalo inesperado y súbito:  
disfrutaremos todos en concordia
cegados por el gozo  y por la dicha.

Frente a un camino largo y misterioso,
se abren muchos senderos más seguros

para andar y sudar mientras vivimos.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

ME CONSTITUCIONALIZO


Imagino a estas horas a los representantes públicos celebrando, en los pasillos del Congreso, el día de nuestra Constitución. En otros muchos lugares se habrá hecho o se estará haciendo algo similar. Está bien. Yo echaré mi cuarto a espadas, como siempre en unas líneas y, por tanto, de manera casi indiciaria.
Las leyes no abarcan la diversidad de la vida, pero son necesarias como guía para una supervivencia satisfactoria.
La Constitución es la ley de leyes y a ella hay que acudir en casos de duda y de divergencia.
La Constitución es un acuerdo de mínimos entre las diversas maneras de ver la vida en una comunidad; por ello, nunca le podemos pedir ni perfección ni que nos contente a todos y en todo.
Las sociedades cambian y se renuevan, las generaciones incorporan a sus formas de vida y a sus escalas de valores nuevas exigencias que antes no se consideraban tales. Por ello se habla de derechos de primera, de segunda o de tercera generación. Eso pide la renovación de las Constituciones cada cierto tiempo.
Nuestra Constitución fue elaborada, aprobada y promulgada en unas circunstancias especiales: aquello que llamamos la Transición.
Hasta el día de hoy han pasado casi cuarenta años. Son muchos y las circunstancias son bien diferentes. El sentido común pide que se revise nuestro código general.
Siempre parece más prudente un proceso de renovación parcial, pausada y en algunos fundamentos que ir a un período constituyente nuevo. Nuestra Constitución es homologable con las de los países de nuestro entorno y yo no veo la necesidad de hacer borrón y cuenta nueva, aunque todo se puede defender.
Si no sabemos ordenar y jerarquizar los artículos de cualquier Constitución, iremos a un caos sin remedio. Por ello es esencial empezar por delimitar los territorios y los sujetos de soberanía. La situación actual bien lo demuestra. En este sentido, tanto valen los argumentos centralizadores como descentralizadores, siempre que se manifiesten con razón y buena voluntad. Pero hay que empezar por ahí y dejarlo muy claro.
Si una Constitución no se basa en unos principios ideológicos precisos, tampoco tendrá una exposición clarificadora. Los apartados y artículos no pueden ser más que el desarrollo de tales principios.
¿Cuáles pueden ser esos principios? ¿Acaso otros diferentes de los de libertad, igualdad y solidaridad?
No se entendería que las modificaciones constitucionales no se realizaran si no es para incorporar nuevos derechos para los ciudadanos y para asegurar una sociedad abierta, civil y cosmopolita.
Algunos principios en los que profundizar para incorporarlos como derechos constitucionales: Derecho a la salud universal; La discapacidad y la dependencia; El Estado laico; La separación clara de poderes con cambio de nombramientos; Los derechos y deberes en la nueva sociedad de las redes sociales y de internet; La sostenibilidad de los territorios y del medio ambiente; El derecho REAL a una vivienda; La legalización de los diversos modos de convivencia en pareja; El derecho a la muerte digna; El derecho al trabajo como forma de participación en derechos y deberes de todos los miembros de una comunidad…
No son pocos estos diez principios y campos de mejora. La comunidad se los merece. Pero debe exigirlos y hacerse partícipe de ellos.

Si en el Congreso a estas horas están brindando con vino, que lo hagan por la Constitución actual, pero también por la que se puede imaginar y soñar como nuevo marco más libre, justo y solidario en su renovación. Arriba esas copas.

martes, 5 de diciembre de 2017

EN LA FUENTE DEL LOBO !Y EN DICIEMBRE!


EN LA FUENTE DEL LOBO ¡Y EN DICIEMBRE!

En las frías mañanas de diciembre,
apenas se oye un son que sabe a queja
y en mis brumosos sentimientos deja
un  eco y un pesar  que me entristecen.

Por las fauces del lobo apenas viene
un suspiro de agua que semeja
una triste canción y en ella sueña
con otros sueños que en su seno teje.

No me dejes sin agua y sin la dicha
de beber de tu boca. Necesito
saber de las entrañas de la tierra

y tú me traes noticias de esa vida
hasta el placer de este rincón bendito

en el que sacio de otra sed mi espera.

lunes, 4 de diciembre de 2017

CÓMO HAN PASADO LOS AÑOS


Ese roce continuo con las cosas que lleva a ser familia de las mismas, carne de sus entrañas y causa de que sigan existiendo, me lleva muchas veces, sin quererlo, a olvidarme sin causa de que están a mi lado y de que van conmigo, gastándose y gastándose hasta el día impreciso en el que todo es gris y todo es nada.
La costumbre se tiñe de inconsciencia, de abandono y de abulia, y todo va pasando simplemente, como pasan las cosas que apenas si consiguen tener algún sentido.
Hay veces, sin embargo, en las que algo te altera, te llama la atención, te desconcierta y hasta, si te descuidas, te da una bofetada y te espabila. Son esas mismas cosas anodinas, de las de andar por casa, de las de todo a cien, de las que en mercadillo se dan al por menor, las que te dan noticia de que algo está pasando y no te enteras, de que se va la vida a borbotones y tú aquí tan cachazas y al amparo del sol que más calienta. Es acaso una esquela en la pared de enfrente, un viejo conocido que vuelve a saludarte con una cara nueva ya surcada por esos sinsabores o alegrías que van haciendo arruga, un traje que no sirve o no se lleva, la película antigua en la que apenas ni tú te reconoces, un cualquiera que ya no te saluda, o que te da dos besos y tú no sabes bien de quién se trata, un camino que cansa sin motivo preciso pues antes era solo un buen paseo, esa llamada rara que invita a lo que ya no te interesa… Todo entonces se vuelve de otra edad y adquiere otras medidas.
Tan solo hace unos días cumplí con ese oficio de hacerme otro carnet. Tal fecha y a tal hora reservada. Una fotografía y once euros. Pulse con ese dedo y déjelo correr. Rellene esa otra ficha y ponga bien sus datos. Firme como hace siempre. Aquí está su carnet, muy buenos días. La atenta funcionaria me cortó en las esquinas mi viejo y más antiguo, y me entregó uno nuevo, con huellas digitales y algunos adelantos electrónicos.
Salí con diligencia hasta la calle. Hacía frío. Me esperaban mi casa y mi butaca. Pensé en tirar al cubo de basura el carnet mutilado. Para qué lo quería… Lo saqué del bolsillo y, en la mesa, lo vi junto al más nuevo. Yo era el mismo en los dos y me miraba. Miraba hacia el antiguo y era joven, miraba hacia el más nuevo y no lo era. Y entonces mi mirada era un continuo de idas y venidas; hacia lo más lejano, hacia lo más presente. Y yo allí sustentando ambas verdades.
Otro tanto me pasa con los libros que no hablan de verdades absolutas y colman sus anhelos con simples historietas en espacios y tiempos que se han ido. Muchos me dejan triste, sin resuello, como si apenas ya me interesaran, pues tengo la certeza de que ahora esos hechos ya no me pertenecen.

Cómo han pasado los años. Es aroma y sonido de canción. También de la canción que voy cantando, poniendo sin saberlo muchas notas en esa sinfonía inacabada que forma cada vida. También la mía en sus diversos planos, en su obertura incierta y ya lejana, en sus tiempos alegres, ma non troppo, y en sus cambios de clave. Es la vida que pasa, que no es poco. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

UNIVERSIDAD DE LA EXPERIENCIA: UNA EXPERIENCIA EN LA UNIVERSIDAD

 Ayer mismo impartí mi última clase en un curso trimestral que me había pedido Ramón Hernández Garrido, coordinador en Béjar de esa experiencia académica y educativa tan llamativa que se llama la Universidad de la Experiencia. Ha sido un ciclo de clases-charlas-conferencias en el que, con el eje central de la palabra, hemos recorrido su valor y su uso específico entre la gente normal de estas tierras y en las obras de algunos de sus más preclaros ciudadanos.
Al comenzar la preparación del encargo, pensé que tal vez el campo de juego no daba para tanto, sobre todo porque nunca antes se había hecho algo semejante. Estaba totalmente equivocado. Hay tema para muchos ciclos más y fuera han tenido que quedar personajes y usos importantísimos de la lengua en esta ciudad. Tiempo habrá. Me satisface comprobar que, a pesar de todo, también en la ciudad estrecha han vivido y viven gentes que merecen mucho la pena y que son ejemplo para pensar y actuar. Y todo ello con la certeza de que, más allá del aldeanismo, lo que interesa es la mezcla de la proximidad con el valor de sus legados. Porque uno es ciudadano de un sitio pequeñito y en él desarrolla sus quehaceres y agota su vida; pero es tan cierto como eso el hecho de que cualquiera es a la vez ciudadano del mundo, y los valores generales sirven tanto en una esquina del espacio como en otra. Mi reconocimiento para todos esos ejemplos próximos y a la vez lejanos pues, como digo, sirven para aquí, para ahí y para allí.
Pero el otro valor, más importante todavía, es el de los alumnos que acuden a esas clases. Nadie aprueba ni suspende (ni falta que hace); nadie tiene necesidades acuciantes para aprender tal o cual esquema; nadie se siente presionado por nada externo. ¿Qué les lleva, entonces, hasta las aulas? No tengo derecho a entrar en sus conciencias ni en sus gustos; tan solo puedo imaginarlos. Las circunstancias y las capacidades de cada uno, por supuesto, son muy diversas. Los imagino llenos de curiosidad, plenos de ganas por conocer cosas, por enterarse de lo que acaso intuyen solamente, deseosos de poner luz a sus lagunas, ansiosos por aprender y por aprehender. Se nota en sus actitudes y en su atención. En ese contexto, las clases resultan para el profesor muy satisfactorias. Creo que ellos son la mejor muestra de que, en realidad, lo que diferencia al ser humano del resto de seres animales es la curiosidad, esa especie de impulso vital que nos empuja a entrar en los terrenos desconocidos para hacerlos nuestros y para dominarlos. Mientras uno posee curiosidad, se mantiene con ánimo y con energías para seguir dando sentido a su vida. Porque la curiosidad engendra el principio del conocimiento, el conocimiento nos acerca al dominio y el dominio de las cosas nos presenta su realidad más descarnada. Entonces la vida se llena de sentido o se vacía, pero ya desde la consciencia y desde la comezón de seguir arrancándole secretos. Nada asegura que el conocimiento acarree la felicidad, pero sí es seguro que la ignorancia nos sitúa en la imbecilidad y nos anula como seres con capacidad para pensar y decidir, para ordenar nuestro camino y ser responsables de él.

No es la primera vez que imparto cursos en esta modalidad de la Experiencia: lo he hecho incluso en otra universidad. Tal vez no será la última. La experiencia me satisface. Mi enhorabuena para el contexto que la hace posible y, sobre todo, para los alumnos. Cada día tiene su afán pero la curiosidad no sabe de edades porque solo se hace sinónima de la vida. Y la vida solo tiene intensidades, no edades.