sábado, 26 de mayo de 2018

EL BOTELLÓN MÍSTICO DEL FÚTBOL



El campo me ocupado la mañana. Está en todo su esplendor y no se pueden dejar pasar los días: después se echa el calor encima y la naturaleza siempre impone sus leyes. La tarde será para la lectura. Ah, y para el fútbol, claro, que hay final de la champions y se cierra la temporada, aunque solo sea por unos días. Es que esto del fútbol no nos deja ni respirar. Bueno, pues que gane el mejor y que nos divirtamos todos, si es que estas dos condiciones se pueden dar a la vez.
El asunto me sirve de pretexto para una simple consideración. Es la que tiene que ver con la importancia y el reconocimiento social que le damos al deporte, y, en concreto, al fútbol. Los modernos dioses, o semidioses, pasan por la pasarela del deporte. En ese altar se les ofrecen sacrificios, se les manifiestan gestos de adoración y se les entregan todas las energías y pasiones. Y todo esto creo que a cambio de muy poco.
Hace tan solo unos días, los medios nos han asaeteado con imágenes y comentarios laudatorios y casi hagiográficos, para con dos jugadores de fútbol que dejaban sus equipos, forrados ellos solo después de unos pocos años y por la única razón de haber dado patadas a un balón. Se trata de Iniesta y de Torres, jugadores uno del Barcelona y otro del Atlético de Madrid.
Es verdad que estos homenajes no se les ofrecen a todos los jugadores; se suele hacer con aquellos que han conseguido solapar su carrera con las ilusiones del club: con ello se han convertido en símbolos. Creo, además, que a sus cualidades deportivas suman sus cualidades humanas, que se concretan sencillamente en algo así como ser buenas personas. Que nadie pida más, que no hay más, tan solo eso. No se les conoce que hayan dedicado demasiadas horas en trabajos que ayuden a la humanidad, ni que hayan descubierto o razonado acerca de ningún instrumento que mejore la vida de sus semejantes. Nada de nada. Sencillamente se trata de buenos futbolistas y personas buenas.
Pero me sabe a poco para tanto premio. Solo me encaja si se trata de una sobrevaloración social, producto de una escala de valores manifiestamente mejorable, o de la desgracia de que apenas existan personas que conjuguen ambas cualidades. La segunda posibilidad la descarto enseguida porque no necesito ir muy lejos para descubrir la presencia de buenos profesionales y buenas personas a la vez: investigadores, médicos, profesores, tenderos, carniceros…. Incluso de muchos seres humanos que, además (subrayen este además), han entregado su tiempo y su sapiencia en favor de la comunidad. ¡Y estos no reciben homenajes ni suben a los altares!
No es poco poder sostenerse en la seguridad de que uno es una buena persona. No es poco. Estos dos deportistas seguro que lo son. Enhorabuena. Pero hombre, ¿es para tanto la cosa?
Los que van a jugar dentro de unas horas la champions también entran en el olimpo, con el reducido gremio de los dioses. Incluso si pierden. Si ganan, ya ni te cuento. Y lo mismo hasta hay entre ellos algunos de los que no se pueda asegurar del todo que sean buenas personas.
Serán cosas del fúrbol (así llamaba a este deporte un anterior presidente de federación). O de la comunidad que lo acoge, lo jalea y lo eleva a los altares. Quién sabe.
Ah, por cierto, peor aún es ese deseo bilioso y lleno de veneno de que tal equipo pierda, aunque se trate de gente próxima y de la misma comunidad. Pero en ese nivel ya no entramos porque el enfermo se pone muy mailto.

jueves, 24 de mayo de 2018

BAILE DE ESTRELLAS



BAILE DE ESTRELLAS

El cielo era misterio y en la noche
me miraba una estrella con rostro de mujer.
Era como si el cielo simulara
una danza al compás de los sonidos
de un recuerdo perdido en la distancia.

Sus brazos se alargaban en las sombras,
buscándome en las puertas
abiertas de la sed.
No supe contestarle con presteza
ni entrelacé sus manos con mis manos.
Le supliqué a la noche que, en su seno,
me acogiera, cargado
con la experiencia azul y la certeza
de algún sueño soñado en otras partes.
Y quise que la vida me sacara
a pasear la lluvia entre sus gotas,
que pudiera beber hasta las heces
el deshielo continuo de mi vida
antes de consagrarme a su servicio.

El baile en aquel cielo se hizo sueño
y yo quedé varado en la distancia,
mirando cómo el ojo de la estrella
se fue cerrando en medio de la noche.

miércoles, 23 de mayo de 2018

DE UN MEDIO DESAHOGO REPRIMIDO


       
No sé qué es más real, o que no gana uno para sustos, o que ya, en realidad, nada nos asusta porque no nos sorprende.
Asistí ayer a la romería de la Peña de la Cruz, una fiesta de primavera, como tantas en estas fechas, que recoge el espíritu de alegría ante el triunfo de la naturaleza y el dominio de los sentidos y de la luz. A su lado, y en paralelo de apropiación que daría muchas páginas para su explicación, el patrocinio religioso, en este caso de esta cofradía centenaria en Béjar, la Cofradía de la Vera Cruz, y de su abad anual, en este caso, Manuel de Frutos. Gracias, Manolo y Pepe. El día tuvo de todo y en todas las variables: elementos de naturaleza, religiosos, de amistad, de caminos y paisajes, y hasta de buena comida. Los organizadores hacen todo lo posible para que la tradición se mantenga y a ellos hay que darles las gracias, aunque la realidad muestra que, si no se le da una vuelta a todo esto, el entusiasmo y el patrocinio decaen, y no sé si con él no lo hará también la propia tradición.
A la vuelta me encuentro con el enésimo escándalo atribuido a un miembro del PP, en este caso a Eduardo Zaplana. Como hace escasos días critiqué en esta ventana la actitud de los dirigentes de Podemos Pablo Iglesias e Irene Montero, me veo en la obligación de decir algo acerca de este nuevo caso.
Me molesta sobremanera gastar tiempo y esfuerzo en criticar. Sigo pensando que no he venido a esta vida a juzgar sino a vivir queriendo y siendo querido. Si lo hago es porque creo que tengo alguna responsabilidad social y moral, y siempre con la intención de reflexionar y de que esa reflexión me acerque y nos acerque a una convivencia un poco menos mala.
Pero no juzgar no significa ni estar de acuerdo ni en desacuerdo con algo que sucede. Es más, el silencio, en muchas ocasiones, significa la crítica más feroz que imaginarse uno pueda. Aquí el recuerdo del dicho aquel de “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, ese silencio tan sonoro que atruena en el vacío con un dedo acusador que persigue sin descanso.
Luego vienen los contextos personales, esos que te hacen seleccionar a ti solo esos casos que más te llaman la atención, vete a saber por qué razones.
Y yo he de reconocer que todo lo de este señor, que no escondió nunca que tenía que hacerse rico como fuera, me pone de los nervios. Como sucede en otros casos, tal vez no sea por las mismas razones que importen a otros. A mí eso del dinero parece que me molesta menos; y, si lo hace, es por las desigualdades sociales que crea. Porque nunca he entendido cómo nos engañamos olvidando que lo que se pone en un sitio es que se quita de otro. Sin embargo, lo que más me molesta y me saca de razón en la chulería formal de este señor y de todo lo que parecía querer representar. Esa media sonrisa por encima del hombro, siempre de arriba abajo, como si los otros fueran algo menos importante… Ese detentar el poder como si lo hubiera conseguido en alguna batalla y eso lo invistiera de no se sabe qué halo misterioso…
Hay muchísimos ejemplos que dan muestra de lo que digo. Me quedo, muy por encima de todos los demás, con aquel que se produjo en la comisión de investigación del 11-M. Hablaba Pilar Manjón -aún hoy se me saltan las lágrimas-, aquella mujer transida de dolor por la muerte de su hijo y entera a la vez. Y este susodicho y chulo de mierda se entretenía entre la lectura del periódico y la sonrisa sardónica delante de las narices de aquella mujer. Para haberlo colgado de ciertas partes, si es que las tiene, y haberle dejado dando vueltas durante algunos meses. Esta falta de empatía y de compasión es lo que más me duele; mucho más que el desfalco de no sé cuántos millones. Aquí se me desata toda una ristra de improperios que no puedo reproducir.
Pero ya se ve que a todo puerco le llega su san Martín. Pues ahí lo tiene.
Sigo sin alegrarme del mal de nadie. No creo en las cárceles. Tengo que reconocer, no obstante, que hoy algo me remuerde en la conciencia que parece decirme algo así como que el que la hace la paga. Para mí este sujeto no entra ni en baremo; no sé en realidad ni cómo le he dedicado estas líneas. En realidad, el silencio debería haber sido el rechazo más rotundo y el tortazo más sonoro. Debilidades que tiene uno.
Ah, y todo esto se produjo en unos años en los que la pirámide tenía un vértice con nombres y apellidos. De ese ápice todavía no se ha dicho nada. Veremos qué pasa.

lunes, 21 de mayo de 2018

DE SUPUESTOS Y PRESUNTOS



Esa bendita ocupación que he profesado, y que me ha llevado a indagar en el principal instrumento de comunicación que poseemos, el sistema lingüístico, me ha puesto muchísimas veces en el álbum de fotos de la imprecisión y de la ambigüedad. Eso debería haberme conducido, entre otras conclusiones, a la de la relatividad y la de la predisposición a la comprensión y de la disculpa. No estoy seguro de haberlo conseguido.
Este sistema basado en las palabras es -lo he escrito en numerosas ocasiones- pobre e impreciso, solamente aproximación a la realidad, cifrado incompleto del pensamiento, viajero asustado en el proceso de la comunicación. Pero las mismas razones deberían llevarnos a su cuidado y a su mimo, a un intento continuado de aprehenderlo y de hacerlo amigo nuestro, a un empeño en manejarlo cada día un poquito menos mal, a pesar de la certeza de que el empeño se moverá siempre en el terreno del deseo más que en el de la realidad.
Algunos ejemplos nos ilustran mejor que otros, por razones muy diversas. Hoy apunto solo uno en estas líneas. Lo hago por su frecuencia y por su repercusión social. Se trata de todos los presuntos habidos y por haber. No me digan que no somos todos presuntos. “A ha matado presuntamente a B”. “El arma con la que A ha herido presuntamente a B”, “A ha sido detenido como presunto autor de un delito sexual·, etc.
Cuando oímos estos usos, creo que tendemos a ponernos de mal humor con tanto presunto. ¿Cómo es posible que A sea presunto si lo han pillado con las manos en la masa? ¡Si el hecho no tiene vuelta de hoja y está clarísimo! ¿Qué es eso de que el asesino es presunto si hasta en la cara se le ve la maldad? Ese tío no es presunto, es asesino y ya está.
Pues no hay tal cosa, por mucho enfado que la codificación de la noticia provoque en nosotros.
Presunto tiene un campo de acción que no se pone en marcha hasta el momento en el que el poder judicial no abre diligencias procesales, y siempre antes de que se dicte sentencia. Entonces, ¿qué son todas esas personas a las que la maldad les sale por los poros y de los que tenemos indicios evidentes de que han cometido hechos condenables? Pues todavía no son presuntos; son solamente supuestos, o posibles. De esta manera, las frases de arriba deberían componerse de la siguiente forma: “A ha matado supuestamente a B”, “A ha sido detenido como supuesto autor de un delito sexual”.
Quizá podríamos resumir así: posibles somos todos, supuestos solo los de los indicios, y presuntos los que se han embarcado en el camino judicial.
¿Cuántos de los posibles se convierten en supuestos? Y de estos, ¿cuántos pasan al grado de presuntos? Es juego al que está invitado a participar el que quiera. Seguro que los resultados serán muy diversos.
Pero, como la lengua es, antes que nada y sobre todo, un instrumento de comunicación y está transformándose continuamente, no estoy seguro de que las precisiones que he tratado de indicar tengan ya realmente vigencia. Vaya usted a saber.

domingo, 20 de mayo de 2018

VERDADES Y MENTIRAS



VERDADES Y MENTIRAS

Perseguir la verdad es mi ejercicio,
aun sabiendo que acaso es imposible,
pues la verdad no existe:
existen solamente las verdades,
ese empeño tenaz de la materia
en repetir el mismo resultado.

Y me pregunto cuál será la causa
de esta perseverancia sin sentido.

Hoy me ofrezco a mí mismo esta respuesta,
que obra por exclusión de otras posibles:
es que mentir me cansa y desazona,
me convierte en extraño de mí mismo,
y me obliga al invento de continuo.

Así que me defiendo y persevero
en ese laberinto en claroscuro,
persiguiendo fantasmas.

No tiene ningún mérito, es tan solo
defensa personal, supervivencia.

jueves, 17 de mayo de 2018

UNA CARTA ABIERTA A QUIEN QUIERA LEERLA



Señores Irene Montero y Pablo Iglesias Turrión
He tenido noticias de que han comprado un chalet en la zona norte de Madrid, nada menos que por la cantidad de 600.000 euracos. De cien mil para arriba ya no me atrevo a hablar de euros sino de euracos.
Permítanme que les dé unos datos. Soy hijo de carbonero (de los de hacer carbón en el monte, no de los de venderlo). Somos nueve hermanos. Siempre estudié con beca (en la universidad, con beca salario: una parte la entregaba a las necesidades de mi familia). En mi casa cuelgan los títulos de tres carreras universitarias. He ejercido como catedrático en un instituto. Supongo que lo sigo siendo pues no sé si esta condición se pierde. Tengo dos hijos y dos nietos preciosos, y estoy jubilado. Cuando tenía treinta años tuve que hacerme cargo, como presidente, durante varios años, de una cooperativa de viviendas. Esta ocupación me llevó horas y disgustos para dar y regalar. Si yo le contara… Desde entonces vivo en una de esas casas construidas en cooperativa. Mi casa tiene 90 metros construidos, en los que está incluida una terraza que mira a la sierra y me ofrece unas vistas muy hermosas…
No tengo ningún interés en criticar que ustedes vivan en un lugar espacioso y agradable. Aquello de que la gente de izquierdas (porque supongo que son de izquierdas, aunque al principio aseguraban que no eran ni de derechas ni de izquierdas, y yo miraba al cielo y me quedaba turulato pensando qué serían entonces ustedes) tiene que vivir “debajo de un puente” no es más que un recurso sin fundamento de los más poderosos. Así que deseo que ustedes y sus hijos vivan lo mejor posible. Yo mismo habría cumplido con uno de mis mayores deseos si hubiera tenido la oportunidad de adquirir una vivienda muy grande. Y ¿sabe para qué? Pues sencillamente para darle más espacio a mi familia: a mis hijos y a mis nietos. Verlos correr por un amplio jardín todavía me quita el sueño. Y para tener un espacio mayor como biblioteca. Me dan ustedes envidia.
Pero es que hay algunas cosas que no me encajan del todo. Seiscientos mil euracos son muchos euracos. Empiezo a contar y me pierdo. No sé de dónde los van a poder sacar. Creo que más que hipotecar una casa van a hipotecar toda una vida. Y eso ya comporta otras variables más importantes porque la libertad se coarta y las dependencias se hacen más fuertes.
He dicho en muchas ocasiones que defender unas ideas de justicia social no implica que quien las defienda tenga que vivir en la miseria. No haré ahora una cosa distinta. Pero es que seiscientos mil euracos son muchos euracos, y el grueso de la sociedad no anda ni para soñar en cantidades semejantes. Y muchos tienen hijos, saben ustedes; y a todos les gustaría que los suyos corrieran por el jardín y se mojaran en la piscina.
Es que ustedes han metido en el mismo saco a demasiadas personas y han exigido, sin mesura y creo que con escasa humildad, muchas cosas que, seguramente, son evidentes, pero que así, arrasando con todo, dejan el campo yermo y sin posibilidad de comprensión cuando vienen mal dadas.
Les voy a confesar algo personal. Soy militante, testimonial, de un partido de izquierdas. En unas elecciones europeas voté la opción de Podemos. Después, me he sentido insultado en varias ocasiones por sus formas y por esa manera de barrer todo con una aspiradora, como si el Mediterráneo, con toda la basura y con todas sus hermosas playas, no estuviera ya inventado y todo lo bueno lo hubieran traído ustedes. No hombre, no, detrás hay toda una hermosa historia de gentes que se han dejado esfuerzos y vidas en pro de una sociedad mejor. Y han cometido errores, claro, y han traído aciertos también.
Confío mucho en la fuerza y en el impulso de las personas jóvenes. Creo que, además, están mejor preparadas. Además, no hay en ustedes tantas sospechas de másteres y carreras nebulosas.
No obstante, habrá que recordar que la mejor postura intelectual es la de la duda y la de las aristas, la de la comprensión y la de la inclusión. Y hasta la del perdón, si me lo permiten. En ese contexto estaríamos más de acuerdo y sumaríamos más fuerzas. Desde la fraseología bélica y desde la exclusión total del adversario, no creo que andemos por buen camino. Un poco más de humildad, por favor.
Es que, si de marbetes conceptuales de trata, prefiero quedarme con aquel que apunta a que, “si no vives como piensas, terminarás pensando como vives”.
Salud para disfrutar de esa gran casa e inviten ustedes a otros niños a la hermosa piscina en los tórridos veranos de ese poblachón manchego que es Madrid. Yo, si ustedes vienen alguna vez por Béjar, aquí, en el sur de Salamanca, les invito a mi terraza y a sus hermosas vistas de la sierra.
Un abrazo.

miércoles, 16 de mayo de 2018

HABITO UN TERRITORIO DE FRONTERAS



HABITO UN TERRITORIO DE FRONTERAS

Habito un territorio de fronteras.
De fronteras de luz,
como cuando la noche
gana terreno al día y vierte heridas
de rojo el horizonte. De fronteras
del mundo en las palabras,
que buscan la verdad y no la encuentran,
pero se quedan trémulas mirando
y suplicando un poco de ternura.
De fronteras de edades y de vidas,
de besos, de miradas, de certezas.

Y debo confesar que no es postura
ni presunción ni pose ni alegría;
es, al revés, la duda que me asedia
y ese dolor constante que me habita,
huérfano de certezas
y completo de aristas y de miedos.