miércoles, 17 de enero de 2018

EL PERO DE LOS PEROS


Reviso estos días algunos de los volúmenes que he ido construyendo a lo largo de los años. ¡Son casi una veintena y cada uno guarda varios cientos de páginas! Si lo mido en volumen, me sale una cantidad superlativa. Creo que, con razón, puedo decir que, parafraseando aquel título de José Hierro, en ellos se relata casi todo lo que sé de mí.
Tengo sin encuadernar los últimos y ya es hora de que agrupe y suelde de alguna manera todo lo que anda por ahí suelto; mucho, casi todo, en esta ventana.
Y le he puesto la velocidad automática del corrector que incorpora el ordenador. Estoy seguro de que quedarán restos impuros en palabras, también existentes pero no deseadas en el contexto, y otras lacras. No me preocupa demasiado. He sido corrector de textos durante toda mi vida; no obstante, ahora remoloneo con los míos y predico algo en lo que creo: lo importante son las tendencias, no los aciertos o los errores concretos y aislados.
Hay, sin embargo, hechos que, cuando se repiten demasiado, se fijan en la vista y en la mente y vuelves sobre ellos como si de algo extraordinario se tratara. Me ha pasado en la última corrección. El corrector, en azul chillón, me iba resaltando con frecuencia la necesidad de usar una coma como signo de puntuación después del conector adversativo pero. Lo hace porque, por mi cuenta, lo uso según los casos y de acuerdo con la fuerza que yo quiera darle a esa adversidad. De tal manera lo hago, que a veces no escribo coma, otras veces la escribo, y otras veces separo con punto y coma y hasta con punto.
f) Se escribe coma ante las oraciones coordinadas adversativas, es decir, las introducidas por pero, mas, sino, (que) y aunque. Hazlo si quieres, pero luego no digas que no te lo advertí. Así reza la regla de la Gramática oficial. Lo sé.
Pero (ahora he escrito punto) me rebelo contra la lucecita del ordenador y no le hago caso aunque quiera pintarme la cara y ponerme rojo. La regla quiere ser general, pero (ahora he escrito coma) tiene que someterse al valor del contenido. Y la suma de esos contenidos se oponen en diversas intensidades. No hay gramática sin semántica, y, menos, ortografía. Por si fuera poco este esbozo, sumémosle el valor del estilo y ya queda todo hecho una duda; que no es lo mismo que un caos.
Así que este es el pero de los peros. Pero en ellos andamos y en ellos seguiremos.
Podría parecer algo sin importancia; sin embargo, afecta a toda una manera de entender y de conformar la realidad en la escritura y en la expresión oral, y, sobre todo, la unión y la relación de todos los elementos que la componen.

No es mucho, pero, al menos para huir del diluvio de Cataluña. Que no deja de ser otro pero, y gordo.

martes, 16 de enero de 2018

¿LABRARSE EL POR-VENIR?


¿LABRARSE EL POR-VENIR?

Buscar el porvenir es tan inútil
como esperar sin causa ni sentido:
siempre está por venir y nunca llega,
y, cuando asoma, ya está en el pasado
y hay una nueva excusa
para seguir llamándolo de nuevo.

En esas circunstancias, él nos mira,
se sonríe,
alza al aire sus brazos,
dibuja un ademán, como fingiendo
una mueca confusa y distraída,
y sigue su camino indiferente.

Por-venir, de-venir,
incluso con-venir; no sé si pre-venir:
 no es remedio eficaz

para ganarle al tiempo sus desprecios.

lunes, 15 de enero de 2018

ACUARELA


Sigue apretando el frío en este mes de enero. Es el invierno, tonto; son sus rigores y sus apretones, es esa espera lenta a que los primeros vagidos del almendro dejen oír sus ecos y germinen en una borrachera de semen vegetal sobre los campos. ¿No has visto ya cómo las yemas empiezan a hacer volumen? Fíjate bien, detente ante un castaño de indias y lo verás desnudo, a la intemperie; pero con la vida y el fuego corriendo por sus troncos y haciendo marca ya en la punta de sus yemas, entrenando ejercicios para enseñarse al sol en cuanto el frío lo deje, la temperatura le dé un pequeño abrazo con ternura y lo acompañe un ratito para salir afuera. Después será ya todo fiesta y desenfreno, vida hacia el exterior, jolgorio y gozo.
Hay un empeño tonto en dar por cierto que la vida se iguala tan solo con el sol y con el agua. Es verdad solo a medias. Agua y sol crean vida, eso es muy cierto. Pero estos cortos días del invierno no son más que otra forma de seguir viviendo, de darle como tregua al exhibicionismo, de esconderse al calor de la caricia y del mundo en que se instalan el sueño y el olvido. La nieve se trabaja los mundos subterráneos para ponerlos limpios y, en silencio, tenerlos presentables para el gran día de fiesta en primavera; las venas interiores atesoran los ímpetus oscuros, las ansias contenidas, la savia que ahora está de vacaciones y esa serena y dura fortaleza que mantiene a los árboles altivos, en perfecto paréntesis, en vigilia y en guardia natural.
Es paisaje de invierno y de nevada. Pero es también de vida, de otra vida callada e interior que acaso ya presienta en lejanía el estupor del viento y de la luz, la apariencia del sol y la alegría que ha de llegar sin duda hasta sus ramas, cuando el tiempo se agrande y la tierra se hinche desde el suelo, en señal eficaz de primavera.

El cuadro tiene un punto de fuga que rehúye el plano corto todavía, pero apunta certero hacia lo lejos, en busca de los blancos y amarillos que guarda el arco iris. Que vayan deshojándose los días y con ellos las savias y las yemas, las hojas y las flores y los frutos. Es el ciclo de vida que no para y que sigue fluyendo en duermevela, también en el invierno.

viernes, 12 de enero de 2018

ÁNGEL GONZÁLEZ: DÉCIMO ANIVERSARIO


Cada vez veo más calendarios marcados en sus fechas por recordatorios de hechos y de datos importantes que sirven de testigos permanentes y de dedos acusadores en medio de la pared para el que pasa a su lado y anda a sus quehaceres distraído. Las experiencias se acumulan y, sobre todo, se seleccionan: no hay otra manera de retener algunas, solo se hace con aquellas que, por la razón que sea, nos pertenecen de verdad y forman algo más cercano a nosotros y a nuestros sentimientos.
No soy hombre de calendarios y se me escapan fechas y motivos. Por ello, con mucha frecuencia, llego a ellos con retraso, cuando me los recuerdan al azar y sin preguntar. No es que no los conserve, es que los almaceno mal.
Hoy me sucede eso, que alguien me recuerda que hace hoy ya diez años que nos dejó Ángel González, el poeta de la amistad y de la noche, el poeta de la desesperanza y a la vez del convencimiento, el creador de tantísimo sentimiento como de sinceridad en su poesía.
Yo apenas pasé con él una noche de aquellas en las que “le aplaudían los camareros” y otro par de tardes de charla amena y distendida. Pero tengo -además de otros textos- una edición de su libro “Palabra sobre palabra” gastada y agrietada de tanto manoseo y de tanto pasar páginas y sentir imágenes, de aprender al lado de sus versos y de sentirme deudor y próximo a lo que en ellos se expresa.
Sea, por tanto, de nuevo su palabra la que se escuche. Me sirve casi cualquier poema. Tal vez repetiré alguno ya copiado en estas páginas. Qué más da. He abierto al azar y me sale esta irónica
 INTRODUCCIÓN A LAS FÁBULAS PARA ANIMALES
Durante muchos siglos
la costumbre fue esta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental, sin ir más lejos.

Hoy quiero -y perdonad la petulancia-
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para las aves y para los peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.

Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejó atrás su adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.

A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
                                            -ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente-
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.


Cómo me gustaría compartir tanto sabor y magia con otros entusiastas. Esta ciudad es estrecha y hace frío. Cachis.

jueves, 11 de enero de 2018

LA PIEL EN LA QUE HACER CALIGRAFÍA


LA PIEL EN LA QUE HACER CALIGRAFÍA
(Para mis nietos en la lejanía y en las otras ausencias)

A veces me sorprendo en la tristeza
de dar con la ilusión en el abismo;
entonces me vacío,
me pierdo en el silencio y me abandono
a un estar sin estar, deshabitado.

(Tal vez no deberíais hacerme mucho caso).

Mi tacto va a buscaros y no encuentra
la piel en la que hacer caligrafía,
esa piel de mi piel, esos residuos
de la cadena inmensa en que se muestran
los vagidos del tiempo y del espacio,
esos vagidos tiernos y solemnes
de los que todos somos solidarios.

Me gustaría sentir que estáis conmigo,
que puedo conformaros con mis manos,
que soy vuestro contacto, os doy mis huellas
y vosotros, por ello, estáis contentos.

Pero hoy es el espacio y es el tiempo
de mi vacío y de mi soledad,
de dar conformidad a lo impreciso
de juntar lo que debe andar su espacio
a solas y a zarpazos, con la herida
también de los que más se duelen de ella.

Hace un frío solemne que derriba
los más dulces placeres y sepulta
la paz en las orillas de la muerte,
cual si fueran las olas cuando alargan
la agonía del mar frente a las playas.

Mandadme entre esas olas

un eco de calor y de presencia.

miércoles, 10 de enero de 2018

¿SAQUEO? ESTO ES EL MERCADO, IDIOTA


He escuchado muchos cortes, en medios de comunicación, de la comparecencia de Rato en la Comisión del Congreso que estudia el asunto de Bankia. Después he leído y he escuchado opiniones acerca de su chulería, de su falta de honradez, de su desahogo y venganza, de…
Dando por supuesto que me parece el segundo personaje en importancia (el primero es, por supuesto, ese señor siniestro llamado Aznar) de los causantes de buena parte de la crisis que ha sufrido este país (liberalización del suelo, burbuja inmobiliaria, ley de expansión de las cajas de ahorro, red de carreteras radiales, tasas judiciales…), y sin sentir por él precisamente ninguna simpatía, me quiero servir de una de sus respuestas para mi reflexión.
Se le afeaba su altísimo sueldo en la entidad financiera y todo el dinero que los españoles hemos tenido que desembolsar para rescatar Bankia. Él contraatacaba con lo siguiente: a) Cualquier entidad financiera remunera generosamente a sus responsables; y b) A la banca privada se le ha inyectado más dinero que a las Cajas. Y remataba con esta frase lapidaria: “¿Saqueo? Esto es el mercado, amigo”. Después casi todos los analistas se hacían cruces por tal respuesta.
Y yo me escandalizo de que los analistas se escandalicen. Solo habría cambiado una palabra, la última, para sustituirla por esta: “idiota”. Los destinatarios no serían solo los escuchantes en la comisión sino todos los que se llevan las manos a la cabeza cuando la oyen.  ¿Pero es que no hacen eso en todas las empresas? ¿Pero es que, en el libre mercado, no apaña cada cual lo que puede para su bolsillo? ¿Por qué hay que ser tan hipócritas? Nos escandalizamos cuando la cantidad nos sale de ojo, pero, sea cual sea su magnitud, el sistema es siempre el mismo: el mayor beneficio personal a costa de los demás.
¿No estará la solución en atarle bien cortos los brazos a eso que llaman el libre mercado precisamente para que no tengamos que pedir peras al olmo más tarde? Pues claro que es el mercado, idiota. Sobre todo ese libre mercado neoliberal, desbravado y sin bozal que nos domina. Reflexiona, entonces, sobre si ese es el mejor método para reducir las desigualdades y para poder pedir alguna moral tanto pública como privada. Y no des coces contra el aguijón ni prediques en el desierto ni siembres en pedregal. Solo conseguirás que se sigan riendo en tu cara los que se sirven sin límites de esa pócima que llaman libre mercado.
¿Te das cuenta o no?

¿Saqueo? Claro que saqueo, ¿qué te pensabas? Esto es el mercado, idiota.

martes, 9 de enero de 2018

AQUELLAS DIOSAS BLANCAS


AQUELLAS DIOSAS BLANCAS

Hoy me salté las reglas y el glosario
que componen el código y el frío.
Con las primeras luces hice alarde
de ser un caminante hacia la playa.
Dejé bajo mis pies, en una fosa,
todo lo que compone mi memoria
y fui niño otra vez y virgen todo
para beber la luz y derretir la niebla.

Las olas y la arena eran infantes
jugando a consumar sus ilusiones,
y rizándose el pelo en ida y vuelta
se alisaban la piel en las orillas.

Unas lindas (b)vacantes, distraídas,
se dejaban lamer por esa brisa
que despiden las aguas y que reza
una pasión de amor sobre sus cuerpos.

Eran horas de paz y, en compañía
de aquellas diosas blancas,
el sol era un destello y era un dardo
de atractivo calor, de complacencia.

Dejé rozar mi piel por la caricia
que me mandaba en guiño el horizonte
y me quedé olvidado de mí mismo,
nadando sin parar hasta perderme
en medio de las olas y los cuerpos
de aquellas diosas blancas

que alargaban el mar hasta mi orilla.