miércoles, 18 de octubre de 2017

PERO QUÉ MENTIROSO ERES


La habitación era amplia y diáfana. Además, estaba adornada con dos espejos que multiplicaban la longitud en ambos fondos. Entró con prisa pero se vio de repente sorprendido por la imagen reflejada en ambos espejos. Su incipiente calva, los evidentes surcos cerca de las mejillas y unas bolsas testigos decadentes de unos ojos negros y vivos le devolvían una figura no deseada que no supo distinguir si se correspondía con la realidad o era el reflejo de alguna ilusión o mal sueño.
Se quedó perplejo e inmóvil, sin saber cómo reaccionar. Miraba indistintamente a uno y a otro espejo y se daba de bruces con su frente y con su espalda. Era como si persiguiera controlar de una vez su cuerpo y no pudiera conseguirlo por más que se esforzara. Se acordó de aquella expresión que uno de sus amigos le espetaba con frecuencia: “Lo que pasa es que cada vez se te presenta con más frecuencia el carnet de identidad y no quieres reconocerlo”.
Pero pasaron algunos minutos y la sensación se hizo más espesa y duradera. Una fuerza como invisible lo ataba a la sala y no lo dejaba salir de allí. Su mente comenzó a dar vueltas mientras se solidificaba la imagen dentro del cristal. ¿Era el cristal la verdad o era aparición y reflejo de otro mundo mentiroso? La verdad, la mentira; la mentira, la verdad. Qué conceptos tan arduos.
Pronto su pensamiento derivó hacia su experiencia y hacia el valor de ambas. ¿Es mejor la verdad que la mentira? Qué disparate. Claro que es mejor, pues todos aspiramos a ella y huimos de la mentira como algo negativo para la convivencia. Pero su mente daba vueltas y se enturbiaba. Claro que aspiramos a la verdad, pero esta es por definición única e impuesta, no la podemos ni modificar ni moldear. En cambio la mentira depende de nosotros y se presenta tan múltiple como múltiples son las personas que la predican o que la usan. En ese sentido, la mentira termina siendo más próxima que la verdad, casi más humana.
No le satisfacía el razonamiento porque la consecuencia era más negativa que el ajuste lógico. Algo fallaba.
Seguía sin moverse del medio de la habitación, sorprendido por las imágenes que le devolvía el espejo. Tenía que existir algún otro elemento que le salvara de la tentación de la mentira y de la abstracción de la verdad. Sin saber muy bien cómo, algo le dijo que explorara la imaginación como tabla de salvación, como camino diferente de la verdad y de la mentira. La imaginación le ofrecía la ventaja de la proximidad y de la individualidad, pero además lo elevaba hacia las nubes de lo sublime y de la creación, de lo que aspira a lo absoluto.

Lo hizo durante un tiempo indefinido. Aquel día salió de la habitación con el amor de los poetas y montado en un caballo blanco que lo conducía, entre la soledad, hacia la luz de la madrugada.

martes, 17 de octubre de 2017

DE PRONTO...



DE PRONTO…         

De pronto, en una acera, cualquier tarde.
Te detienes  mirando cómo pasan
las gentes. Son sus pasos fugaz muestra
de lo que nunca va a ninguna parte.
No te esfuerces en registrar sus nombres,
en descifrar la luz de su sonrisa:
ni siquiera ellos saben su destino.
Es tan solo un segundo,
el cociente imperfecto de todo el infinito,
el azar hecho tiempo y accidente.

Desconoces su afán, sus inquietudes,
todo lo que les dio naturaleza.
Déjalos, que prosigan su camino,
su fatiga constante y su destierro.
Tampoco ellos conocen que los miras,
y no olvidarán nunca,
pues nunca percibieron tu presencia,
tan cerca de la suya y tan ausente.

La tarde será toda de la tarde
y tú serás tan solo el accidente
que vio pasar la vida como un hombre

viejo y desconocido, extraño y solitario.

lunes, 16 de octubre de 2017

QUE A NADIE SE LE HINCHEN LAS NARICES


El tiempo político sigue turbio, en oposición clara a este verano eterno que no nos deja y que nos mantiene sorprendidos. Ambos nos tienen asustados y con el alma en vilo pues nadie sabe cómo puede terminar todo esto, pero todo amenaza tormenta y aguacero, incluso el tiempo atmosférico, que, por fin, parece que ya va adelantando nubes. En medio del barullo, puede que a alguno se le hinchen las narices y se ponga a soplar fuera de orquesta.
Es este - el de hincharse las narices- un dicho que viene de lejos y que se hace realidad con más frecuencia de lo que uno quisiera. Francisco Cascales ya escribía esto en el siglo diecisiete: “Lo primero que miramos en el que habla es el semblante; con este amamos, con este aborrecemos y con este entenderemos muchas cosas antes de hablar. La ceja el soberbio y el que admira la levantan; el que está triste la baja. Las narices hincha el airado; la honestidad pide los ojos serenos; la vergüenza, bajos; la ira, encarnizados de dolor, llenos de agua”. Y es que la cara el espejo del alma, claro que sí, del interior de nosotros mismos, de nuestro estado de ánimo, que no otra cosa es el alma.
Si el autor hubiera acertado en su emparejamiento de figuras con estados de ánimo, bien podríamos intentar cautela, e incluso alejamiento, de quien se muestra con las narices hinchadas y con las aletas de las mismas abombadas. Pero lo malo no es la figura; lo peor es lo que refleja y lo que esconde dentro. Cuando a uno le puede la ira, la razón pierde peso y se aleja a las salas más oscuras. Entonces sacamos de nosotros mismos todo lo peor que conservamos; y, además, lo hacemos sin control y en riada y aluvión.
El uso, como digo, es muy antiguo y frecuente. La Celestina, fray Luis, Quevedo, Covarrubias… ya lo atestiguan. En concreto, este último, en su riquísimo Tesoro de la Lengua, asegura que “la nariz suele ser indicio de la ira; y así nasus es de raíz hebrea y nas equivale a ira”. Aunque lo más importante es que el uso es popular y todo el mundo entiende su significado.
Los tiempos agrios exigen serenidad y templanza, sabiduría y cautela, metas claras y pasos tranquilos, sentido común y buena voluntad. Todo eso y mucho más. Lo único que no se necesita es ver a nadie con las narices hinchadas: las fotos así salen muy feas y nadie se para a mirarlas con cariño.

¿Se entiende, verdad?

viernes, 13 de octubre de 2017

POR EL IMPERIO AUSTROHÚNGARO


Tengo que dejar nota, siquiera apresurada, de ocho días intensísimos por el centro de Europa. Se agolpan en mi mente las imágenes y las consideraciones. Hoy solo alcanzo el nivel de la descripción imperfecta. Las consideraciones vendrán más tarde, cuando la mente ordene datos y los jerarquice.
Era el corazón entero del imperio austrohúngaro, con sus tres capitales al completo. Primero Budapest, más tarde Viena y el complemento gozoso de una Praga radiante en el otoño.
Se me llena la mente del agua de los ríos navegables, mares para el caudal exhausto de nuestros aprendices de regatos; el Danubio infinito y el Moldava (o Vitava), ejercientes de mares tierra adentro. Pero fue todo en cascada y aluvión: Palacio Real; Iglesia Matías; el Puente de Elisabeth (aquella Sisí emperatriz de caramelo y cines); todo el Buda mirando hacia la llanura de Pest, con todos los palacios en su cresta y el recuerdo inmediato de aquella ardua batalla en la que un duque de la ciudad estrecha fue a lucirse ante la nobleza europea, a demostrar su fe y a hacerse un camino de milagros en su vuelta durmiente hacia su tierra; el majestuoso parlamento, émulo del de Londres y a la vera del río caudaloso; la Basílica de san Esteban; la Isla Margarita; el Puente de la Libertad; el valle interminable del Danubio, en Visegrad y su Castillo de las Nubes; los infinitos sitios musicales; las vistas panorámicas diurnas y nocturnas; los paseos en barco por los ríos eternos…
Viena fue el núcleo del imperio e imperial sigue siendo en su conjunto: las calles, los palacios continuos, las ciudades y campos: Durstein o Melk; el palacio interminable de Schönbrunn; los espacios de música; los bailes y las óperas (con concierto completo y delicioso); el ambiente del lujo en el recuerdo y esa imagen que acude inevitable para pensar lo injusto de la Historia por todas las esquinas. Pero he dicho que el análisis es para otra ocasión.
Praga fue ya el cansancio pero con la sorpresa a cuestas por tanta grandeza y tanto colorido: el Palacio Real, la catedral de san Vito; Vyserhad completo; los teatros y siempre la música; el Puente de Carlos tomado por todo el que quería; el Niño Jesús de Praga, como leyenda típica; Malastrana alá al frente; la ciudad hecha tranvía y setos en la naturaleza; el recuerdo visible de la época soviética y la recuperación lenta hacia una cultura más abierta y globalizada…
Pero no han sido solo las ciudades ni los centros urbanos; ha sido el contexto de clima y de naturaleza -en plena efervescencia del otoño-, la sensación de que allí la el medio natural parece más acordado y conforme con el ser humano, los restos tan presentes tanto del imperio histórico como de los estragos hitlerianos o de la ocupación comunista, el sentido de pertenencia a una comunidad nacional sin desgarros visibles, los repartos y ayudas comunitarias tan extensas y el sentimiento de que caminan juntos hacia un futuro colectivo mejor…

Dicen que viajando se curan los nacionalismos. Puede que sea verdad, aunque esta idea hay que matizarla mucho. Hay muchas formas de viajar, incluso sin moverse de la silla. Pero he de confesar que mi impresión general es altamente positiva. En todo caso, se trata de un resumen visible de lo que fue un imperio en otros siglos y de la naturaleza en la que se asentó. Las imágenes pueden ahora mucho más que la intrahistoria, aunque esta sea mucho más importante que el fogonazo luminoso de lo visible e inmediato. Es ya nivel del análisis y habrá tiempo de ello. 

martes, 3 de octubre de 2017

ME RETIRO DEL CAMPO DE BATALLA


ME RETIRO DEL CAMPO DE BATALLA
(Con España y Cataluña al fondo)

En medio del fragor de la disputa,
con los tiros rozándome los labios
y un olor nauseabundo a muerte y odio,
me retiro del campo de batalla.
No quiero defender ninguna causa
que no tenga que ver con los abrazos,
con ojos que se ponen arco iris     
cada vez que otro hombre se hace masa, 
dispuesto para el pan y para el gozo.

Tal vez es cobardía lo que me empuja
hacia la oscuridad de las trincheras.
No sé. Pido perdón: soy hombre débil.

Que, en mi nombre, no se alcen más las voces
que gritan y que vencen y que odian.
Que los que quieren irse que se vayan.
(No logro adivinar ni estoy al tanto
de lo que anima a rechazar al otro;
solo contemplo nubes de tormenta,
solo egoísmo, ingratitud, codicia).

Pero he de mirar lento, en soledad y en calma,
y limpiarme los ojos por si acaso
no adivinan lo que ven otros ojos,
que son ojos también y también miran.
Estoy ciego y no veo,
me restriego de nuevo y sigo en la ceguera,
y no entiendo el calor de los latidos,
que me siguen oliendo a odio y a miedo.

No puede ser, no puedo, me retiro
del campo de batalla. En las trincheras
seguiré meditando por si encuentro

algún rayo de luz y de esperanza.

viernes, 29 de septiembre de 2017

DOS FUENTES PARA BEBER


1.- Me manda una persona próxima un libro y me invita a leerlo. El libro se titula Diez horas de Estat Català. El contexto me empuja y lo leo con avidez. El periodista Enrique de Angulo, testigo directo de los actos, recrea las horas de proclamación del Estat Català, por parte de Companys, en octubre de 1934. Fue apenas una noche.
El texto posee un sesgo centralista casi insoportable. No comparto esa postura en absoluto. Los datos hay que enumerarlos y después interpretarlos. Reniego de la interpretación que el autor hace, pero LOS INGREDIENTES Y LOS DATOS ESTÁN AHÍ, y esos no se los inventa.
El libro tiene vigencia por los acontecimientos de Cataluña. Creo que hay elementos diferentes, pero ¡coinciden tantos otros! Me gustaría mucho que los resultados no fueran los mismos de entonces, sobre todo en lo que a violencia se refiere. Pero tengo miedo, lo confieso.
2.- En nuestra página Libre Albedrío, leo la columna que ha colgado Manolo Casadiego, que ya parece que revive después de tanto tiempo postrado. Es una columna escrita por Lidia Falcón hace tan solo unos días y publicada en Diario 16. Aborda el mismo asunto, pensando en la actualidad. Suscribo lo que en ella se dice con escasos matices. Es esta:
La historia falseada
“El nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir a los trabajadores. “Carlos Marx
Leo los argumentos de la izquierda apoyando el “referéndum sobre la independencia” y la “autodeterminación” de Catalunya, y me entristezco. Además de pretender separar a los trabajadores y a las mujeres de los pueblos de España, enfrentándolos entre sí, además de haberse lanzado a ese proyecto para ocultar el latrocinio a que se han dedicado los próceres que han gobernado y gobiernan Cataluña, además de haber desmovilizado las protestas sociales que se desencadenaron cuando comenzó el gobierno de Artur Mas, han falseado la historia.
Comentaristas hay que, situándose en la izquierda, aseguran que la independencia de Cataluña no es una moda que surja de pronto sino que sus orígenes se sitúan en el siglo XVII, cuando el ejército español la ocupó.
Con estos mimbres- y otros más endebles todavía como la supuesta catalanofobia que padecen los “españoles” contra el pueblo catalán- hasta Izquierda Unida y la Junta Estatal Republicana aceptan el derecho de autodeterminación de los pueblos de España en sus manifiestos programáticos.
Miro los carteles del magnífico cartelista anarquista catalán Renau durante la Guerra Civil, donde se llama a la acción: “Per la Llibertad de Catalunya Ajudeu Madrid”, “Defensar Madrid es defensar Catalunya”.
Recuerdo la declaración de la Confederación Nacional de Trabajadores de que la única patria del proletariado es el sindicato, y oigo todavía las apasionadas palabras, sobre la unión de los proletarios, de mi abuela Regina de Lamo, anarquista, cuando en los años anteriores a la II República militaba con Lluís Companys en Barcelona –quien fue más tarde presidente de la Generalitat de Catalunya- , por el sindicalismo y el cooperativismo codo con codo con los obreros catalanes. Mi abuela era de Jaén.
Recuerdo la indignación que sentí cuando María Aurelia Campmany me espetó que todo el que hablaba castellano en Cataluña era fascista.
Esta perversión de lo que había sido la fraternal unión de las clases trabajadoras en España ha calado en los sectores de izquierda actuales que, presos del Síndrome de Estocolmo, están apoyando las demandas de la burguesía siempre esquilmadora del proletariado. Dividiéndolo entre catalanes y españoles, entre los de pura cepa y los charnegos, entre los españolistas y los catalanistas, los independentistas y los unionistas, los federalistas y los centralistas. Esos Mas y Puigdemont y Junqueras no se atreven a reclamar la pureza de su sangre como hacen los vascos, porque sería demasiado para un pueblo que se formó con iberos, fenicios, cartagineses, romanos, germanos, árabes, judíos, franceses, andaluces, aunque sería bueno que se leyera a Herribert Barrera.
Pero eso de la “identitat” y del “sentiment” que se airea para justificar el deseo de los catalanes de separarse de los demás españoles tiene ese tufillo. Al fin y al cabo ellos son diferentes, porque son mejores. Y todas las diferencias tienden al racismo.
En memoria de Regina de Lamo, de Buenaventura Durruti que murió en el frente de la Casa de Campo, de Federica Montseny que estará revolviéndose en su tumba al oír a los independentistas, de Renau y sus carteles llamando a los catalanes a defender Madrid, de todos los catalanes y las catalanas que lucharon por mantener la II República, que decía en su artículo 1º que “era una República de trabajadores de todas las clases”, escribo estas líneas que merecen más un libro, para desmontar la falsa historia que están contando los independentistas para apoyar sus demandas.
1.-   Cataluña es el nombre de un territorio, como tantos otros, no de una persona, y como tal no tiene derechos. Los derechos los poseemos los hombres y las mujeres del mundo. Y son iguales para todos –o deberían serlo.
2.- Los orígenes genéticos y raciales no diferencian a los seres humanos. El racismo es un invento de los más reaccionarios de las clases dominantes para sojuzgar a los esclavos y a los pueblos colonizados. Todos tenemos el mismo origen: la mona Lucy que se encontró en Etiopía. Y nuestro mapa genético es idéntico, y muy poco diferente del de los primates.
3.- Es falso que el pueblo catalán se enfrentara a Castilla y al rey Felipe V en 1714, reclamando la independencia. La Guerra de Sucesión, a la muerte de Carlos II sin heredero, fue una guerra dinástica como tantas de la época, para hacerse con el trono de España. Enfrentando a la monarquía francesa con la austríaca. Todas las casas reinantes querían entonces hacerse con el trono de España que era la primera potencia mundial. Intervinieron en ella los ejércitos de Austria, Francia, Inglaterra, Holanda, Italia, España, unos a favor del Habsburgo y otros del Borbón. Y si la Generalitat de Catalunya apoyó al austríaco, que representaba además en aquella época la monarquía más reaccionaria, otros territorios, como el de Cervera, apoyaron al francés. Y en esa disputa la mayoría del pueblo catalán quedó al margen, obligado por sus gobernantes, clérigos y Ejército a alistarse en las tropas para defender sus intereses, cuando lo que deseaba era librarse de la servidumbre y la explotación.
4- Es falso también que Catalunya haya sido nunca independiente. Catalunya formaba parte del reino de Aragón.
5.- El decreto de Nueva Planta de Felipe V que abolió los Fueros de Cataluña. se enfrenta al feudalismo, inaugurando la etapa de construcción del nuevo Estado moderno.
6.- Ese decreto no significó hundir a Cataluña en la represión y la miseria, sino todo lo contrario: como anuló los acuerdos que había firmado Fernando con Isabel, permitió a los burgueses catalanes ampliar su comercio a las colonias americanas. Henry Kamen explica que “Cataluña siguió siendo una región importante, próspera y floreciente, el territorio más rico de España”.
7.- Lluís Companys no declaró la independencia de Cataluña ni en 1934 ni en 1936. Declaró el Estat Catalá dentro de la República Española.
8.- Los trabajadores, las mujeres, los militares, los intelectuales, de Madrid y de toda España que lucharon en defensa de la II República lo hacían también por el Estatut de Cataluña.
9.- El pueblo de Madrid que luchaba contra el fascismo lo hacía también por defender el Estatut de Cataluña.
10.- Los trabajadores catalanes, republicanos, anarquistas, socialistas, comunistas, se levantaron en armas el 18 de julio de 1936 contra el golpe militar, y crearon el cuerpo de voluntarios que fueron a intentar liberar Zaragoza y siguieron hasta Madrid, donde muchos dieron su vida defendiendo la capital de la República. Entre ellos el dirigente anarquista Buenaventura Durruti. Ellos no se equivocaban, sabían el que único enemigo era el fascismo.
11.- Durante la dictadura los comunistas catalanes no nos planteamos nunca la independencia de Cataluña. La consigna que defendíamos era “llibertat, amnistía y Estatut de Autonomía”, que era el de 1932, aprobado por las Cortes republicanas.
12.- Ni los españoles ni los madrileños padecieron nunca ninguna catalanofobia. Barcelona siempre fue el ejemplo del mayor desarrollo industrial y mercantil, artístico, cultural, científico, de nuestro país, admirada por todas las demás personas que vivían en España.
13.- No es cierto que el 80% de los habitantes de Cataluña quieran el referéndum sobre la independencia. Es otra falacia de los gobernantes. Hay que conocer al pueblo que vive en Barcelona y su conurbación industrial para saber que la mayoría ni quería modificar el Estatut, promovido por Maragall y origen del actual conflicto –votó menos del 50%- ni le importó la sentencia del Tribunal Constitucional ni quiere ahora esas aventuras. Solamente la ley electoral ha permitido que los partidos independentistas formen gobierno.
14.- El derecho de autodeterminación -libre determinación en lenguaje internacional- aprobado por el acuerdo de Woodrow Wilson y Lenin, al terminar la I Guerra Mundial, se refiere a los países colonizados por las potencias colonizadoras. Nadie en sus cabales puede creer que la situación de Catalunya –mejor dicho de los catalanes- es como la del Sáhara bajo la opresión de Marruecos o la isla de Timor bajo Indonesia o la de la India o Kenia bajo el imperio Británico.
15.- Y por supuesto, nadie puede reclamarse de izquierdas planteando divisiones y separaciones entre los trabajadores. Porque esas solo benefician a la burguesía. Lo importante, no es si eres catalán o castellano sino si eres amo o esclavo. Y planteando la independencia de Cataluña del resto de España se consigue la atomización de un país que había llegado a un nivel aceptable de convivencia y solidaridad entre sus pueblos.
16.- Es inadmisible que se diga que Cataluña tiene una situación económica peor que el resto de España. Posee la segunda renta per cápita más alta después del País Vasco –ya sabemos por qué. Y si existe un déficit entre lo que produce y recibe es lógico. De la misma manera que los ricos pagan –o deberían pagar- más impuestos que los pobres, si todavía creemos en la redistribución solidaria como conquista de la izquierda. Esta es la reclamación de la independencia de los ricos.
Solamente el ejemplo de Yugoslavia podría hacerles reflexionar a los irreflexivos defensores de la independencia de Cataluña. Un hermoso y próspero país, que había logrado la paz y la federación después de la II Guerra Mundial, y estaba construyendo el socialismo, convertido en un mosaico de minúsculos Estados pobres y dependientes totalmente del Departamento de Estado de EEUU. Claro que hay quien dice que Cataluña sea otro Luxemburgo, otro paraíso fiscal entre Francia y España, bajo la potestad de la OTAN.
Es inaceptable que para conseguir ese objetivo se plantee un referéndum. Que, como todos, sería organizado, defendido, publicitado, con todos sus medios, por ese gobierno catalán, encubridor de las mayores tropelías de sus antecesores, para ganarlo.
Y, para que nadie se llame a engaño: yo soy catalana. Aunque hija de emigrantes, como tres millones más de los ciudadanos de aquella Comunidad que con nuestro trabajo y nuestra plus valía hicimos rica y grande a la burguesía catalana.
La izquierda española, si despierta de este hipnotismo y es suficientemente valiente para denunciar el engaño de los independentistas catalanes, debe dedicarse a unir a los trabajadores y mujeres de toda España contra los enemigos comunes: la Monarquía, el Capital y el Patriarcado.

Y mientras no tome ese camino, quedará derrotada y sin impulso para dirigir las fuerzas que tienen que alcanzar el poder para transformar el país.

jueves, 28 de septiembre de 2017

LA VAQUILLA


Hace muy poco tiempo leí en la puerta de un pequeño comercio esta inscripción: Cerrado por cansancio. Me llamó mucho la atención esta forma de dar a conocer un cierre por vacaciones.
Hay otras muchas formas de echar el cierre a las persianas por cansancio; son aquellas que indican que uno está hasta donde no puede o no quiere más de algún asunto, sea este físico o mental.
En el plano social, a mí me ha sucedido con dos hechos: el llamado asunto (¿tema, cuestión, motivo…?) vasco y ahora el catalán. ¡Toda mi vida pendiente, un día sí y el otro también, con las relaciones tensas, con los recelos, con las negociaciones, con los chantajes, con…! Yo quisiera tener una vida más tranquila, con sorpresas de noticias que suman y no que dividen ni restan, con la monotonía de la tranquilidad, con el gozo del acogimiento por parte de todos, con la confianza de que el de al lado me mira para darme la mano y no para exigirme, y menos para chantajearme o tomarme por tonto.
A veces me paro a pensar para tratar de darme alguna respuesta, por muy parcial que sea, y caigo en el desasosiego porque no la hallo y me pierdo. Procuro describir conceptos y ordenarlos, como forma menos mala y tal vez única de armar un pensamiento, y los conceptos me llenan enseguida las alforjas y se me caen de las manos, algo así como lo que le sucedía a Sancho con sus refranes: ley, legalidad, legitimidad, orden jurídico, contexto histórico y social, emoción, sujeto  de soberanía, objeto de soberanía, formulación y ordenamiento del ejercicio de soberanía, derechos individuales, derechos colectivos, democracia directa, democracia representativa, equivalencia o no entre votación y democracia, solidaridad, control de emociones, tipo de respuesta a las emociones, desgarro social y territorial, nacionalismo y soberanismo, pueblo, nación, estado… Ya digo, se me caen de las manos.
Cada uno de ellos me da para un buen rato y para demasiadas líneas. Creo que todos tienen aristas y demasiados apuntan en dirección contraria unos contra otros. Es ese el momento en el que pienso que lo menos malo es jerarquizarlos, entender que lo menos negativo es comenzar por los más amplios y esenciales, pues los demás se entienden mejor si los vemos dependientes de los más extensos. Y, como todos tienen aristas y límites, parece conveniente rebajar imposiciones y limar asperezas, es decir, rebajar certezas absolutas y dar cabida a verdades algo más relativas. Hay que objetivar un esquema jerarquizado y saber qué debemos defender como fundamental. Después, todo ha de ser dialogar y ceder, tener altura de miras y exponer sin reservas tu opinión, pero sin renunciar serenamente a que los otros expresen la suya.
Cualquiera que lea estas líneas podrá argumentar, con razón, que se expresan solo ideas generales, pero que el día a día exige tomar decisiones, mancharse las manos y actuar. Es verdad. Solo pido que no nos olvidemos de pensar, incluso en los días de más acción. Las ideas, si no son muy desacertadas, permanecen en el tiempo, las acciones son más inmediatas y vistosas pero menos convincentes.
Otra vez las palabras del poeta: “De todas las historias de la Historia / la más triste sin duda es la de España…”
Y hoy escribo estas líneas en el ambiente local de una fiesta que conmemora un levantamiento popular en la búsqueda de la libertad. Eran otros contextos, claro, y otras las situaciones.

Pobre piel de toro, transformada en vaquilla de toreo popular. Pobre vaquilla nuestra.