viernes, 20 de abril de 2018

VÁMONOS HACIA EL VIENTO



VÁMONOS HACIA EL VIENTO
(En el día de la jubilación de Nena)

Después de tantas horas agitadas,
llega el tiempo feliz de las cerezas.
¡El tiempo, viejo idioma conjugado
por cuerpos y más cuerpos que se amaron!

Dame la mano, ven y paseemos.
Observa el horizonte y la mañana.
Todo nos pertenece, somos todo
lo que a nuestro mirar se nos regala.

Y vemos cosas juntos, y sonreímos.

Hay rastros que gravitan y se mueven
en otros cuerpos nuevos:
Rubén, Sara, Juan Pablo, Miguel Ángel,
Merce, nuestros amigos, la familia.

Los miramos y estamos complacidos.

Vemos también las huellas que el pasado
ha dejado en nosotros: nuestros padres
y todos los que, amantes, se fundieron
en cuerpos y más cuerpos en el tiempo.
Nos dejamos llevar por la nostalgia
y llamamos a todos para darles
un abrazo de amor en el recuerdo.

Y nos quedamos tú y yo solos en el tiempo,
mirándonos de frente y satisfechos
por ser el resultado de un encuentro
que sucedió al azar, como sucede
todo lo que produce el universo.

¿Ves qué suerte tenemos
de ser primero nada y luego todo,
de haber parado el tiempo
para ser lo que somos?

Vámonos hacia el viento,
merendemos la tarde y que la noche
nos alcance tranquilos, satisfechos.
Después iremos juntos al recuerdo
de otros que han de venir.
Que ellos nos guarden
en la cadena eterna del tiempo y del espacio.

jueves, 19 de abril de 2018

UN INSTITUTO EN LA PLAZA



Cualquier circunstancia me ha llevado de nuevo hasta el palacio que sirve de instituto allá en lo alto, presidiendo la plaza mayor de Béjar, donde la iglesia asienta sus poderes y la sede del ayuntamiento recuerda que completaba los tres dominios juntos: la nobleza, la iglesia y la voz de la gente. Pero el más elevado es el edificio de la nobleza, el palacio, el castillo o alcázar que hoy sirve de centro educativo. En el frontis, su nombre: RAMÓN OLLEROS.
Es media mañana y el sol anda radiante después de tantos días. Hacía tiempo, muchos meses, que no volvía a mi casa, al lugar que me ha acogido en mi trabajo durante tantos años. Todo es igual y todo está cambiado. Enseguida me he visto en las paredes pues allí están mis huellas, como escondidas por las esquinas, por los pasillos y por los techos. Algún día escribí sobre las huellas estratigráficas que poco a poco se van asentando entre los muros. Allí quedamos todos un poquito, como en un daguerrotipo olvidadizo.
Los alumnos tienen las mismas caras, aunque yo no reconozca ninguna. Tampoco están allí los profesores que sirvieron conmigo; tan solo alguno de ellos.
He hablado con ellos durante unos minutos y me han contado la realidad más actual del centro. ¡Menos de doscientos cincuenta alumnos! Yo trabajé allí con más de ochocientos. “Pero ha subido el número”, me dicen; y la tendencia, al fin, es positiva en los últimos cursos. Me alegro vivamente.
Hace ya muchos años que algunos propusimos la existencia de un solo centro de enseñanza media bien dotado para la ciudad de Béjar. La historia fue muy larga y desgraciada. El tiempo nos ha dado la razón. No entraré en más detalles.
El apagón de alumnos representa la falta de energía en la ciudad, el caldo de cultivo en que se mueve, la decadencia en el mayor bien posible: la riqueza humana; la no renovación generacional…, y esa especie de sordera y de silencio que tanto ruido causan en la conciencia y en la sensibilidad.
A pesar de todo, el trabajo sigue, las ilusiones permanecen y la labor suprema de arar entre los jóvenes tiene que dar sus frutos. Y sé que los que ahora allí se afanan lo hacen con la mejor disposición. La educación es algo tan sagrado…
Estuve solo un rato, el necesario para agotar la espera de quien había acudido a prestar un servicio a ese instituto. Circunstancia curiosa y personal: el visitante y su acompañante terminan sus días laborales al olor de este centro educativo. Es una buena forma de cerrarlos. Ahora ya seguirán juntos sin horarios que obliguen y que aten. A ver qué tal les va.
La plaza estaba amplia y luminosa, pero sin la presencia de la gente. Y yo la quiero llena y bulliciosa, optimista y esperanzada. La he visto así tantas veces, que ya no me acostumbro a sus silencios. Pero no la quiero con nobles ni con clérigos, ni con recuerdos de duques o arciprestes, sino de jóvenes que van y vienen con su vida a cuestas por esas escaleras que suben y bajan en busca del placer educativo de la vida. Vamos.
Me golpea la memoria aquel viejo poema que escribía no sé cuándo:

“Aún resuenan los pasos en mi pecho
de estos pasillos hondos donde anduve
detrás de los muchachos. Cada día
fraguaba una batalla en las esquinas:
unas voces al aire, aquel descuido
de no cerrar la puerta en el momento,
o tu boca de fresa
cuando tocaba el timbre de las doce…
Era como subir al cielo cada día,
como entender que hay causa
para vivir sin tregua.

Hoy he vuelto a pasear en el silencio
de la tarde callada.
Apenas oigo el eco debilísimo
de aquellas otras tardes en los claustros.
Nadie sabe mi nombre, desconocen
que sigo suspirando entre las aulas.

¿Dónde están esos años que he vivido
y que apenas resisten
las huellas del futuro?
¿Acaso no he vivido?
Tal vez no lo recuerdo”.

martes, 17 de abril de 2018

EL VALS DEL UNIVERSO



EL VALS DEL UNIVERSO

Me asomo a la terraza y miro al cielo.
Las estrellas parece que bailaran
sobre un gran fondo oscuro, en un guateque
que ha de durar la noche, hasta que el alba
apague las farolas e ilumine
más allá de las horas de la sombra.

A mi lado estás tú y he de decirte
que hoy no tengo otra cosa que ofrecerte.
Bailemos, al compás de las estrellas,
el mismo son, el vals del universo.

lunes, 16 de abril de 2018

EL MÁSTER DEL ALBAÑIL



EL MÁSTER DEL ALBAÑIL

¿Para qué quieren títulos
si apenas son discípulos
que encarnan el ridículo
cual simples adminículos
de extraños conventículos?

No valen ni un versículo
para formar fascículo,
ni un sencillo pedículo
que genere un retículo.”

Así pensaba, incrédulo,
un ingenuo albañil
(ingenuo es un decir)
mientras con una mano
se hurgaba en la nariz.

“¿Cuál será mi currículo,
si apenas tengo un título
de cuando era aprendiz?

Son solo cuatro días
los que a vivir echamos,
somos solo aspirantes
a asquerosos gusanos.

Desde joven trabajo
diez horas cada día
y no me convalidan
ni cuando ando a destajo.

Señor, llévame pronto
y líbrame de aquellos
que masterizan todo.”

viernes, 13 de abril de 2018

AFECTOS E INTERESES



Tengo la impresión de que son dos conceptos que anudamos, mezclamos y confundimos con demasiada frecuencia y en cualquier ámbito de la vida. Como sucede siempre, es en el ámbito público en el que las imágenes y los ejemplos se nos hacen más visibles y ejemplificadores; pero la consideración sirve para todos los contextos, y bien haríamos en aplicárnosla a nosotros mismos en el día a día. Vamos.
Sírvanos el ejemplo del “milagroso” máster de Cristina Cifuentes. Poco importa que los datos resulten apabullantes y que los indicios dejen escaso o nulo lugar a la duda. De cualquier manera, los “suyos”, los de su partido y ciertos medios de comunicación defienden a la susodicha, a veces hasta caer en el ridículo más bochornoso. Da igual: son los suyos y están por encima de la verdad. Tengo la impresión de que también por la otra parte, los “no suyos”, los otros partidos y los otros medios de comunicación se ceban con las personas, hacen fuego con el árbol caído y agrandan hasta el hartazgo cualquier detalle que favorezca su opinión.
Si no les gusta, cambiamos de ejemplo y nos vamos al asunto catalán o al partido de fútbol que deseen, o a la iglesia, o a los amigos; o, si no, pongan ejemplos de diario y de su propia vida.
A mí me gustaría que distinguiéramos los afectos de los intereses, y que entendiéramos mejor los primeros que los segundos. Y todo desde la gradualidad y desde la mesura, sin posturas maximalistas y exclusivas. Los afectos se tienen a personas o hechos con los que afectivamente uno está vinculado: familiares, amigos, próximos. Los intereses se pueden tener con cualquiera y con ellos se busca fundamentalmente el beneficio personal, aunque se perjudique a los demás. Si defino bien, estoy en condiciones de comprender y de disculpar mejor a los que se mueven por afectos que por intereses. Hace unos días -vuelvo a los ejemplos- me enfadaba en esta misma ventana porque la reina Sofía había sido desairada al no dejar Leticia que abrazara y se fotografiara con sus nietas. Entendía que la reina Sofía actuaba por afecto y la defendía por ello.
No sé en qué medida en los partidos políticos se actúa por afecto o por intereses, pero sospecho que ya las aguas aquí no bajan tan limpias. Trataría de entender a los que actuaran por afectos, aunque no esté de acuerdo con sus declaraciones. Tal vez ni ellos estén, pero que no se justifiquen no quiere decir que no se entiendan. Convendría, en todo caso, no ser contumaz en esconder la realidad, aunque esta no nos favorezca. Me gustaría tener el ánimo más predispuesto comprender a los que prodigan afectos sinceros, aunque sea atenuando la realidad, que a los justicieros que claman venganza más que justicia. El perdón siempre es bueno y deja la conciencia tranquila al que perdona. Comprender y perdonar debería llevar aparejado, claro, el reconocimiento del que ha errado y aceptar las consecuencias, pero no la soberbia y la negación de lo evidente; si no, todo se hace mucho más difícil y el perdón ya solo se puede situar en el plano de una ética casi del amor.
Nada que ver esto con los intereses, que, cuando son particulares, ya no merecen mi comprensión moral, por más que puedo apelar a ellos como motor de la vida humana, como hace toda la corriente filosófica del utilitarismo. Al lado de la argumentación filosófica quiero ver una comprensión moral y humanista de quien entiende que nada es absoluto, que todos somos débiles y nos equivocamos muchas veces. Y, si no estamos dispuestos a la comprensión y a la rectificación, entonces ya solo nos queda el código penal. En él ya únicamente caben los juicios y las penas. Y, si encima sacamos pecho y no reconocemos nada, entonces ya no hay remedio y pasa lo que pasa.
Al final creo que puedo afirmar algo así como esto: Con los afectos ganamos todos, con los intereses solo el más fuerte, Y acaso ni siquiera este.

jueves, 12 de abril de 2018

HORA PUNTA



HORA PUNTA

Hay ruido de ascensor en la escalera.
Presiento en duermevela tu llegada.
Pasan unos minutos de las tres.
Las llaves bailan goznes en la puerta.
Me despierto y observo tu figura.
Vienes a darme un beso.

La tarde está completa
pues ya no falta nada en nuestra casa.

miércoles, 11 de abril de 2018

I LOVE YOU, UMBRELLA



I LOVE YOU, UMBRELLA

Apuntan los pronósticos que pronto
el tiempo será azul y que las flores
llenarán de color la primavera.

Ya era hora, me digo satisfecho.
Llevo todo el invierno con paraguas,
mojándome y manchando todo el suelo
cuando vuelvo a mi casa de la calle.
Mi paraguas ya es viejo, mas me guarda
de la lluvia, del viento, de la nieve;
pero ya no me sirve: se ha oxidado
y se cala también cuando hay hostigo,
cierran mal las varillas y se doblan
si el viento se enfurruña y sopla fuerte.

Me da pena privarme del ajuste
que hacía su empuñadura con mi mano
(dos amantes haciéndose arrumacos),
a pesar de que a veces me impedía
contemplar la dulzura de la nieve
cuando cae mansamente desde el cielo.

Ha sido siempre fiel y es lo importante,
pues nunca se ha olvidado de taparme.
(He esperado con ansia tantas cosas
que no han llegado a tiempo
y me han dejado solo, a la intemperie…)

El paraguas me ha sido un fiel amante
y puedo asegurar, sin duda alguna,
que me ha dado su amor hasta la muerte,
aunque hoy descanse en una humilde tumba
y yo llore su ausencia y su descanso
en un contendor de la basura.