jueves, 22 de febrero de 2018

CONTEMPLANDO LA LUZ EN MONTE MARIO


CONTEMPLANDO LA LUZ EN MONTE MARIO

La luz se ha hecho gigante y condiciona,
con su fuerza celeste y misteriosa,
todas las formas sólidas del bosque.
Se enciende entre las copas de los árboles
y son, por eso, hogueras luminosas
que reverberan luz y encienden las siluetas
de los troncos dormidos del pinar;
acaricia las ramas, da conciencia
y recuerdo a las raíces, asomadas
a la fiesta radiante, y es la vida
abierta en su mitad, sangrando luces.

La rama es ya otra rama y en la copa
todo se transfigura: es otra forma
la que se alza soñando con los cielos.
Aquello que era oscuro es ahora claro,
ha venido al reclamo de la luz
y todo lo escondido es superficie
dispuesta para el fuego en que perece,
en un rito sagrado de purificación.

Yo sigo, sin embargo, en la ceguera,
pidiéndole a la luz que no me olvide,
que me haga epifanía y luz también,
que me queme en el fuego de esta tarde,
como un testigo más que está sediento

de fundirse en el fuego y en la llama.

miércoles, 21 de febrero de 2018

DE MIS APUNTES


Si resulta difícil definir el concepto AMOR, ¿cómo se puede imaginar su forma real? Yo me lo imagino como un líquido que adopta la forma del recipiente que lo acoge y que le da vida. Así, el amor en una persona prudente tendrá las características que definan la prudencia; en una flor será el perfume y su color; en un niño adoptará la forma que le exijan la inocencia y la espontaneidad; o, en fin, en una persona impulsiva, se manifestará como lo que le impongan la fogosidad y la pasión. Aunque tal vez lo que sea más verdadero es la situación concreta en la que cada individuo se halle a la hora de dar sentido a ese amor. En ese caso, el molde sería siempre la misma persona, pasada por el cedazo del espacio y del tiempo individualizados. Qué difícil. Tal vez no deberíamos dejar que nadie nos mangonee en algo tan inconcreto como importante. Al fin y al cabo, solo “quien lo probó lo sabe”.

El transcurrir de la VIDA es siempre como un borrador, como una prueba primera, como un ensayo que necesita una toma definitiva para que tenga validez. Esa última prueba que pule los detalles y que fija el criterio último es, claro, la MUERTE. Todo se analiza y se comenta a partir de la muerte. Ella es el referente y el recuerdo, la medida de todo lo que antes y después se sucede. La vida es un gerundio que siempre se está haciendo y que no se puede dar por definitiva porque en ella hay siempre un fragmento de futuro. La muerte se conjuga en participio y cierra la visión dándola por terminada. Por eso, solo el que ha muerto tiene derecho a decirlo todo y a no guardarse nada en el tintero. El pudor ya no cuenta y cada verdad o mentira se convierte en lapidaria y última.

Cualquier ACCIÓN u OBRA es siempre póstuma. Incluso se puede afirmar que no termina nunca pues sus consecuencias y sus añadidos son imprevisibles y dependen de las circunstancias en las que se midan o se consideren esas obras. Y la consideración se realiza para cualquier acción, no solo para las obras literarias o de creación artística. La valoración, esa que ya no depende del creador sino solo del espectador o lector, termina de ser solo del lector cuando el autor ya no puede decir nada acerca de ella. De nuevo, la muerte es la pared que marca el lindero y las propiedades de cada uno.  Pero es que, además, la obra no es obra hasta que no está terminada; durante su confección, el creador está sometido a un conjunto de fuerzas de todo tipo que lo llevan y lo empujan en distintas direcciones, y solo el resultado indica la última relación de fuerzas y crea el  ser vivo que se entrega a la vida. Esto desde el punto de vista del lector; desde el ángulo del creador, la obra también es póstuma, pero la vive solo intensamente en su realización.


¿Qué es eso de REALIZARSE? Solemos entender por tal aquella trayectoria en la que una persona va conduciéndose a sí misma y orientando sus acciones a la consecución de unas metas queridas y buscadas. Siempre le ofrecemos connotaciones positivas. Pero pocas veces pensamos en los esfuerzos que nos cuesta esa deseada realización. ¿No será que muchas veces nos estamos explotando a nosotros mismos en ese proceso de satisfacción? Si así fuera, sería bueno que buscáramos unos límites que nos impidieran el paso para no transformar el remedio en una mayor enfermedad. Hay muchos modelos de realización, pero las sociedades nos imponen modelos, nos acotan caminos y nos restringen voluntades. Seguir los de aquellas que no ponen por encima de todo el valor de la persona y que no conceden tiempo y espacio libres para cada ser individual tal vez no sea lo más positivo. Cuidado con el humo en los conceptos. 

martes, 20 de febrero de 2018

DIFERENTES // DESIGUALES


Para dentro de unos días se anuncia una huelga de mujeres reclamando igualdad y no discriminación entre géneros. Estamos en pleno apogeo de las protestas contra el acoso sexual y la violencia que llaman de género. Las protestas por la desigualdad salarial se han acrecentado… Y, en general, está en ebullición el comentario y el cuerpo visible de una situación que, para muchas personas, urge cambiar y actualizar.
El asunto -nuevamente- es tan denso y tan extenso, que apenas se puede dejar un simple índice de opinión. Pero para eso estamos, para equivocarnos y para dejar alguna muestra de lo que se piensa en torno de este asunto, tan importante en la convivencia y en la evolución social.
Echarle un vistazo a la historia, en lo que a la situación femenina se refiere, y ponerse a llorar es casi la misma cosa. Por cierto, ese lloro también se produce con el repaso de muchas otras variables.
Afirmar que darle una vuelta de actualización y mejora a todo este asunto es necesario y urgente no parece que sea descubrir ningún mediterráneo.
Simplificarlo en unos cuantos eslóganes y frases contundentes puede resultar práctico pero no sé si del todo correcto y hasta sensato. A veces estas formas de actuar producen un efecto de rechazo y de perjuicio contra el que las atiza.
Por el contrario, merodear por lo general de las causas y por la esencia de la dificultad nos permitiría ver mejor el bosque antes de dejarnos deslumbrar por el árbol más cercano y florido.
Utilizar el lenguaje y las estadísticas con precisión creo que ayudaría bastante a la defensa de la causa. Valga este ejemplo. Creo que, con demasiada frecuencia usamos como términos sinónimos los de “iguales” y “equivalentes”, y “diferentes” y “desiguales”, sobre todo esta última pareja. De nuevo la pobreza del lenguaje y su torpe aproximación a la realidad. No hay que insistir en las diferencias anatómicas que existen entre ambos sexos, y las que de ello se derivan. Y aquí no se ha pronunciado nadie acerca de la supremacía de un sexo o de otro, sino acerca de las diferencias. ¿Para qué hablar de igualdad en este asunto?
Algo totalmente diferente sucede con la igualdad o desigualdad que de ello se puede derivar. Nada tiene que ver eso con el hecho de que todos los seres humanos sean iguales y no desiguales en lo que a derechos y deberes se refiere. Y también de esta afirmación se deriva todo un sinfín de consecuencias en la vida real. ¿Cómo imaginarse, por ejemplo, que una persona con discapacidad no tiene los mismos derechos que una sin ella, sin que por ello tengamos que negar la existencia de esa diferencia? ¿O por qué destacar y premiar más unas habilidades que otras y no premiar el esfuerzo y la colaboración? Ahí está la valoración social de algunas profesiones (futbolistas, famosetes…) para confirmarlo y para avergonzarse tal vez.
Por todo ello, me parece que atacar el asunto en su punto esencial es lo que puede contribuir realmente a su mejora, mientras que otras formas pueden llevarnos a la confusión y al retraso en la solución del mismo.

Asunto este delicado para no entrar en terrenos políticamente incorrectos, pero crucial para una mejor convivencia y para una igualdad real y no solo simulada.

lunes, 19 de febrero de 2018

NOTA EN EL BOLSILLO DE UN PARADO


NOTA EN EL BOLSILLO DE UN PARADO

Esa disolución en que se funden
los ecos del pasado con las dudas
que manejan las horas del presente
es tan solo un cultivo en la probeta
que envuelve el discurrir de cada día.

Fueron primero al viento años felices
para vivir con ansias y con risas
toda una trayectoria de progreso:
incrementos, permisos, promociones.
(Larga vida al sistema y sus conceptos:
los recursos humanos, la excelencia).

Pero el viento cambió y se asomó el paro
(La crisis como fórmula eufemística:
recursos inhumanos, las ganancias),
y un creciente sentido de injusticia
despertó en los más hondo de los sueños.
Llegó luego el invierno y trajo el frío
de no saber a qué puerta acogerse,
y un rápido descenso a los infiernos
donde la soledad campa a sus anchas,
la humillación y el miedo ante los hijos,
y la esperanza rota y oxidada
en los últimos sitios de la cola del paro.

Llegó, por fin, un negro sentimiento
de vergüenza, que asciende y que devora
lo que a vivir aspira simplemente:
 la vida, los vecinos, el entorno…
y una búsqueda al fin desesperada
de algún apoyo que tuviera nombre
de religión, de moda o de autoayuda…

En esa mar rizada de tormentas
intentaba nadar contra las olas,
sin playas a la vista, sin ayuda
de un simple y amistoso salvavidas.

Acaso la corriente lo llevaba
hacia mares más turbios, procelosos.
Mi vista lo perdió mientras lloraba

con lágrimas tal vez de cocodrilo.

viernes, 16 de febrero de 2018

EDADES


EDADES

Las puertas del jardín están abiertas,
con la cancela gris y algo de herrumbre;
ya no guardan la luz de aquellas tardes,
en las que te asomabas, sonriente,
respondiendo a la voz de mi llamada.
Han crecido los tilos y los plátanos
tienen el tronco ancho, la mimosa
sigue dando perfume en el entorno...
Recuerdo que su olor nos cobijaba
y guiaba nuestros pasos, temblorosos,
que buscaban la sombra y la espesura…

La tarde, los deseos, el paisaje,
la luz y mi mirada en tu mirada.

Hoy vuelvo hasta el jardín y ya no suena
el ruido en la cancela, ni los tilos
me mandan un mensaje en su enramada.

Será que no estás tú y es todo ausencia,
todo se ha vuelto extraño y silencioso.

Estoy donde la luz me hizo feliz
hace ahora veinte años.
Y descubro, a la vera de la tarde,
que soy un cuerpo extraño
en esta excelsa alquimia del tiempo y del espacio:
Nada me reconoce ni contesta
cuando llamo a las cosas por su nombre:
¡Soy un siglo más viejo

y han pasado tan solo veinte años! 

jueves, 15 de febrero de 2018

DON FRANCÉS DE ZÚÑIGA

DON FRANCÉS DE ZÚÑIGA: ALGO MÁS QUE UN BUFÓN
Hace tan solo unos días, se presentaba en Béjar la novela “El manuscrito de fuego”, de Luis García Jambrina. Los dos personajes fundamentales en la obra son Fernando de Rojas y el bufón bejarano Francés de Zúñiga. En el trasfondo histórico y literario, se halla la “Crónica burlesca del emperador Carlos V”. A Francés de Zúñiga va dedicado este soneto, que no le deja del todo bien parado, pero que resume, desde mi lupa y mi creación, sus rasgos esenciales.

DON FRANCÉS DE ZÚÑIGA
Loco de buena gracia, que, en la corte
del claro emperador, dejaste huella
e hiciste con la reina sementera,
con afán de grandeza y sangre noble.

Borracho del tintorro y del aloque
en las noches de juerga y de tabernas
de Béjar, donde todas sus callejas
gritaban al unísono tu nombre.

Fuiste risa y bufón, Francés de Zúñiga,
flagelo de los nobles más señeros,
azote riguroso en que se acuña

la realidad más fiera y el espejo
donde mirar cómo se devalúan

la grandeza, el poder, los privilegios.

miércoles, 14 de febrero de 2018

"QUIEN LO PROBÓ LO SABE"



¿Cuántas veces se nos cae de la boca la palabra amor? ¿Y cuántas las de su familia léxica: enamorados, enamoramiento, enamorarse, desamor…? Yo la tengo incluida entre las principales de mi diccionario fundamental.
Dicen que hoy es el día de los enamorados, esa fiesta comercial que obliga a todos a intercambiar objetos o a trasladar deseos. Los sustantivos abstractos siempre dejan aristas en la definición y nadie sabe en suma cómo dar con la tecla que dé la nota exacta y el sonido preciso.
Y no será por falta de intentos. Desde que el ser humano ha dejado huella, en cualquier formato, el rastro del amor se huele en ellas. Relatos nos sobran para acercarnos a algo que se parezca al amor. Ahí está la Biblia, y está el diccionario, y están los poetas, y están los filósofos…. 
“Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas; si no tengo amor, no soy nada”.
La teoría dualista del amor (el espíritu y la materia) en Platón.
“Ama y haz lo que quieras”, de san Agustín.
El amor caballeresco medieval y el amor cortesano.
El amor místico de Juan de la Cruz: “Quedeme y olvideme…”
El amor trascendente de Quevedo: ”Cerrar podrá mis ojos…”
El arrollador amor romántico. O aquel otro más ñoño y más melifluo.
Y todas las variantes que se nos antojen. 

Pero hay un eco que nos dice que siempre falta algo, que andamos al acecho y no damos con ello de forma clara y firme. Y otra vez la palabra, pobre y fría, tan solo sugerente. Hasta que se rinde exhausta y dice no poder más. Entonces, ni la Biblia, ni Platón ni todos los creadores… Tan solo ese dejarse, abandonarse y sea lo que el destino nos tenga preparado. Así lo confirmó Lope en sus versos: “Quien lo probó lo sabe”. Y es la palabra “probó” la que nos da la pista y el camino hacia esa “sabiduría” tan sabrosa.
Estas son sus palabras:
“Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe”.

Hace años, me propusieron el ejercicio de definir el amor en cincuenta palabras. Lo hice también en verso y por ahí anda el resultado. También yo tuve esa osadía. Pero, aunque el resultado creo que no fue malo, nada tal vez como el último verso de Lope: Quien lo probó lo sabe. Tal vez no hay otra manera de acercarse a la densidad y a la realidad del amor.

Luego ya están las flores, el chocolate, y hasta el Corte Inglés, como sucedáneos en los que tantos se tienen que detener.